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002. Pequeño, pero ladrón. [Merlín y Durc]

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002. Pequeño, pero ladrón. [Merlín y Durc]

Mensaje  Arthur Pendragon el Lun Feb 27, 2012 3:31 pm

Arturo sentía que la cabeza le iba a estallar. Le hubiera gustado decir que los motivos de su preocupación tenían que ver con el torneo, pero lo cierto es que la competición ocupaba su mente mucho menos de lo que debería. O al menos, no de la misma forma que en otras ocasiones, donde la espada era lo único de lo que se tenía que preocupar.

No. No tenía que ver con el combate; ni siquiera con la presión de ganar para no tener que enfrentarse a la decepción de su padre. Lo que le tenía fuera de sí era la impotencia de no poder decidir su propio destino. Y es que, aunque la conversación con su padre había ido mejor de lo que esperaba, se seguía enfrentando al problema de no poder declarar libremente la autenticidad de sus sentimientos. Es más, de un tiempo a esa parte, no sabía si existía tal autenticidad, porque no era sólo una la que ocupaba sus pensamientos. Hubiera preferido mil luchas a muerte que enfrentarse a aquellos problemas sentimentales. Era tan… antinatural.

Apenas había cenado, y aunque le había echado la culpa a Merlín, por servirle la comida fría, lo cierto es que ni siquiera había sido consciente de lo que comía, y mucho menos de su temperatura. Simplemente no soportaba estar inactivo; ni hacer algo tan mundano como sentarse a comer, cuando su cuerpo necesitaba golpear algo, o correr, o desfogarse de alguna manera.

Había sido un día muy completo, con el entrenamiento, sus siempre breves momentos con Gwenivere, y la conversación con su padre. También había tenido que dedicarse a la frustrante tarea del papeleo, y ahora le quedaba otro asunto igual de exasperante que también requería de su atención: los robos. Ya no podía demorarlo más, no sólo porque la paciencia de la gente comenzaba a agotarse y seguir desatendiéndolo sería irresponsable, sino también porque si dejaba que la cosa fuera más lejos, aquello podría costar la vida de alguien, empezando por la del ladrón.

Así que allí estaba, a la intensa luz de la tarde, cuando quedaban aun un par de horas de sol, caminando por la ciudadela como un perro que va detrás de un rastro. No entendía por qué tenía que encargarse él de aquello, pero era su deber después del fracaso de los soldados. Nuevamente pensó que por alguna razón no querían capturarle. O eso, o se habían vuelto idiotas e incompetentes.

Eran una comitiva de unas veinte personas; más que suficientes para dar con un ladrón de poca monta. Se llevó a Merlín consigo, más que por necesitarle, para hacerle partícipe de aquella tarea tonta. Se sentía mejor si alguien se fastidiaba junto con él, en especial si ese alguien era su sirviente. Como a Arturo le ponía nervioso el ruido de la armadura de los soldados - ¡por Dios, más de una tenía que estar oxidada!- y siendo consciente de que todos juntos llamaban excesivamente la atención, suspiró y dijo:

- Separaos. Merlín, tú ven conmigo. El resto ir en pequeños grupos y patrullar las calles pequeñas. Si eso no funciona, registrar las viviendas.

Eso sí que era un trabajo estúpido, registrar casa por casa desorganizando todo en busca de una prueba del delito que casi nunca era encontrada, porque el culpable no se solía ocultar entre los ciudadanos. No obstante, si se hubiera tratado de magia, habrían empezado por el registro.

Una vez a solas con Merlín, decidido a ocuparse él de las calles principales, se permitió exteriorizar lo absurdo que le parecía aquella misión. Delante de los soldados no habría estado bien.

- Esto es una pérdida de tiempo. Si los guardias ni siquiera pueden impedir estos delitos menores, deberíamos buscar mejores defensas. No puede ser más que un muerto de hambre, si sólo roba pequeñas cantidades de comida.

Cantidades que, por otro lado, eran una gran pérdida para alguno de los habitantes. Además, si esa clase de delitos quedaba sin castigo, la gente podía pensar que podía cometerlos libremente, y el reino se sumiría en el caos.

- Actúa todos los días sobre ésta ahora, así que estáte atento por si oyes cualquier cosa.

Caminaba con la mano en la empuñadura, sin pensar que realmente llegase a ser necesario desenvainar su espada. Casi esperaba que sólo su presencia sirviera para disuadir cualquier intento de robo aquél día.

- No debería estar gastando el tiempo en esto – murmuró, con ganas de quejarse. Merlín solía tener que soportar su lado más caprichoso.
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Re: 002. Pequeño, pero ladrón. [Merlín y Durc]

Mensaje  Merlin el Lun Feb 27, 2012 8:04 pm

Estaba todo adolorido, como todos los días de mi vida, está bien, a veces Gaius y Gwen tenían razón, me quejaba a menudo, pero ¡Vamos, Arthur me tenía de un lado para el otro! Llegue con el humor por el piso a los aposentos de Gaius, en donde se podía apreciar ese rico aroma a comida recién preparada. Me moría de hambre y lo único que me importaba en aquellos momentos era sentarme en la mesa y engullir todo lo que era posible, quizá me atragantara con la comida, lo admitía, pero necesitaba que mi estómago se sintiera nuevamente alegre para luego acompañar el príncipe a la cacería de un ladrón -¿Qué tal te ha ido Merlín, en tu día?- Me pregunto Gaius mientras me dejaba el plato de comida frente a mis narices. Pude sentir el delicioso aroma de la sopa con pollo y verduras que solía hacer él. Tome un poco de pollo con una zanahoria y me la lleve a la boca, el caldo que provocaba el pollo, lo hacía delicioso y mi paladar se sentía realmente agradecido por tener semejante comida frente a mí –Bien, como todos los días de mi vida…- Volví a meterme más sopa a la boca –Esto está delicioso Gaius- Le dije moviendo la cabeza, tomándome toda la sopa de un solo trago -¿Puedo pedirte más?- Le pregunte alzando el cuenco, mientras él me miraba sorprendido –Estás muerto de hambre- se quejo el anciano acercándose a la hoya y llenándome el cuenco nuevamente con la sopa -¿Saldrás está noche?- Pregunto Gaius colocando nuevamente el recipiente con más de aquel líquido tan rico. Asentí con la cabeza, mientras me llevaba la cuchara a la boca y tomaba otro bocado –Si, Arthur quiere apresar al responsable de los robos- Comenté mientras me encogía apenas de hombros y masticaba un pedazo de pollo -¿Crees que lo harán?- Noté que Gaius se encontraba algo sospechoso aquella noche y desvié los ojos del cuenco y de la sopa, mientras fruncía el ceño -¿Sabes algo?- Le pregunte intrigado, a veces Gaius me daba la sensación de que sabía mucho más de lo que solía decir –No, no sé nada- Y tras decir aquellas palabras se sumió en su comida, colocando la habitación en un completo silencio.

Una vez que mi estómago estuviera realmente satisfecho y feliz, decidí que tendría que ir a los aposentos del príncipe que seguro me estaba esperando para realizar la ronda y la guardia –No vuelvas tan tarde- Me dijo Gaius, mientras su vista se concentraba en un libro que tenía delante. Le dije que lo tendría presente y tras mencionar aquellas palabras me marche con la pesadez que suelen aparecer después de comer una rica cena. Quería que mi cabeza estuviera apoyada en una almohada bastante cómoda y mullida y cerrar los ojos hasta el día de mañana, en donde la rutina empieza todo de nuevo. Ya en los aposentos del príncipe nos dispusimos a encontrarnos con los guardias que estaban a la espera de empezar las rondas nocturnas. Tal parecía que el ladrón era lo suficientemente inteligente como para no mostrarse frente a nosotros y por sobre todas las cosas, bastante listo como para no robar aquella noche, o al menos quería pensarlo de esa manera, porque hoy no tendría oportunidad de escapar de Arthur que tenía ojos hasta en la espalda, cosa que no se lo diría porque aquellas palabras le aumentaría el ego, no entendía como todavía conservaba la cabeza, porque cada vez que se le inflaba el ego, su cabeza se volvía más redonda. Sonreí ante tal comentario estúpido y comenzamos con las rondas. Hoy parecía que el príncipe no estaba de muy buen ánimo y tras ladrarle un par de palabras a los guardias, me obligo, como siempre, a que lo acompañará.

Ya solos comenzó a sacar toda la bronca acumulada que tenía, realmente esperaba que no se apareciera el ladronzuelo porque con el humor que acarreaba el príncipe lo iba a destrozar. Me quede escuchándolo –No sé que les está sucediendo a los guardias. Quizá si saben quién es el ladrón pero no quieren decirlo porque les da pena- Esto último había sido más como una interrogante, era la primera vez que a los guardias de Camelot se les pasaba algo así y sinceramente lo más extraño era el rostro de Gaius al contarle cual era nuestro plan para la noche. Asentí con la cabeza, mientras agudizaba el oído y miraba hacia todas partes, no me percaté de que podría enganchar mi pie en una cuerda y que al tratar de soltarme, caería una armadura completa, provocando un ruido horrible –Lo siento- Murmuré aun con la soga en mi tobillo –Esto es una trampa mortal-Señalé la cuerda, mientras me disponía a quitármela, cuando observé que una sombra se movía con sigilo, para que nadie lo viera –Arthur- Murmure mientras le golpeaba la armadura con suavidad para no volver a hacer otro ruido más –Ahí está- Señalé delante nuestro, cerca de nosotros se encontraba un carro de paja –Está escondido- Comenté, deseando hacer magia y que la paja se dispersara y así que quedará a la vista el ladrón. Parecía pequeño, quizá era enano…que extraño.
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Re: 002. Pequeño, pero ladrón. [Merlín y Durc]

Mensaje  Durc el Mar Feb 28, 2012 10:56 am

Tras varios días de vagabundear en las calles, Durc había sacado algunas conclusiones. La primera: si seguía así se iba a poner enfermo. Estaba sucio, vestía una ropa que apenas abrigaba, y no comía lo suficiente. No es que fuera aquello supusiera mucha diferencia con respecto a cómo había vivido hasta entonces, con su padre en la aldea, y tampoco la suya era una situación más mísera que la de muchos otros, si bien es cierto que bajo la protección de las murallas en la ciudadela, por lo que había observado, incluso la gente pobre vivía mejor que en otros lugares del reino. Pero, como digo, quizá su forma de vida no era algo tan exageradamente malo para las circunstancias de la gente del momento; sin embargo había algo que hasta los perros tenían y a él le había sido negado: un lugar donde caerse muerto. Una cama, vamos, y no aquél frío suelo donde no podía descansar – algo fundamental para alguien de su edad – y que, sobre todo, estaba lleno de bacterias y suciedad. Él nunca había sido de constitución fuerte, a falta de ciertos nutrientes básicos y de un trato más que deleznable por parte de su progenitor, pero aquél sin descanso, aquél mal comer, y aquél frío que le calaba hasta los huesos, lo estaban matando. Ya había sido una suerte sobrevivir a la epidemia que había matado a muchos niños. Más tarde se había enterado de que era la Guaxa, un ser salido de los cuentos que a él nunca le habían contado, y que había muerto a manos del príncipe Arturo; un hombre que por lo que él sabía era demasiado querido para ser hijo de quien era. Era increíble como mucha gente odiaba al rey, pero ponía su vida en manos de Arturo; no sabía si es que todos estaban locos, o es que él era un gran hombre.

Lo cierto es que, para ser sinceros, no era la dureza del suelo lo único que le impedía dormir. A falta de almohadas, uno duerme sobre agujas si hace falta. Lo que pasaba es que tenía miedo; miedo a que le descubrieran, miedo a que el día siguiente fuera peor que el anterior, y miedo a la insoportable soledad a la que se veía reducido. Y así llegamos a la segunda de sus conclusiones: él no estaba hecho para vivir sólo. Estaba demasiado acostumbrado a que multitud de voces llenaran su cabeza, voces con los pensamientos ajenos, pero también con los sonidos audibles que llegaran a pronunciar. Su único contacto humano desde su llegada a la ciudad había sido con la protegida del rey, y con su “amable guardaespaldas”. Se arrepentía en parte de haber rechazado su oferta de conseguir un puesto para él en el castillo; pero sabía que había hecho bien: estar tan cerca del rey hubiera implicado ser un estúpido teniendo en cuenta que él poseía magia, y que eso sólo podía llevarle a la muerte. Además no se fiaba del todo de aquella mujer; también era bruja y para él la magia no traía más que problemas.

No obstante, si para algo estaba sirviendo esa pesadilla viviente suya era para controlar mejor su poder. Seguía escuchando los pensamientos de la gente sin quererlo cuando alguien pensaba algo con mucha intensidad o cuando él mismo estaba nervioso, pero ya no proyectaba los suyos propios a la mente de otras personas, y era consciente de que aquello podía salvarle la vida. Si su poder dejaba de ser un peligro, tal vez podría comerse el orgullo y la desconfianza, e irse con aquella mujer noble que respondía al nombre de lady Morgana. Se hacía ilusiones de cómo podría ser su existencia si cambiaba su suerte y vivía en el castillo, pero no había vuelto a ver a aquella mujer y sus esperanzas se desvanecían como un castillo de naipes. Se dio cuenta de que no podía planificar su vida en torno a un hecho imposible, pues probablemente ella ni siquiera se acordaba de él, y no se lo había ofrecido en serio.

Así que poco a poco iba aceptando la idea de que su futuro no era más que una proyección de su presente. Viviría en las calles y si acaso cuando fuera algo mayor y sirviese para algo más que para ser el desperdicio de una sociedad marginal, podría ascender a campesino; algo que en esos momentos era para él como pertenecer a la nobleza. No obstante, hasta entonces, tenía que sobrevivir de alguna manera. Sabía por propia experiencia que la caridad no se estilaba entre el ciudadano medio, puesto que en aquella sociedad primero se alimentaban los adultos, luego los niños, y nadie se preocupaba de los más pobres; sobretodo si estos no eran, aun, medianamente mayores. Esto era así porque los primeros en morir eran los niños, y no se les tenía en cuenta hasta pasada una determinada edad de riesgo y muchas veces eran los primeros en morir porque nadie se preocupaba de que tuvieran el alimento suficiente. Era como la pescadilla que se muerde la cola. Era el día a día en un sistema feudal, aunque Durc percibía que allí las cosas eran un poco diferentes. Ese año la cosecha no había sido mala, y la gente se permitía ser generosa. Gracias a eso consiguió algunos favores, en forma de grano o leche.

Pero al final, lo único que alguien como él podía hacer, era robar. Ya lo había hecho, y lo seguía haciendo, pero nunca quitaba nada que no fuera a comerse. Para él no tenía sentido robar dinero, ni joyas, a quien además no las tiene. Aunque al principio la gente tenía demasiados problemas para fijarse en él, entendió que estaba llamando la atención el día en que recibió una pedrada en la frente. Herida que por cierto se había curado él mismo con tan sólo un poco de agua, así que aun le molestaba.

Salía victorioso de sus escaramuzas porque su habilidad para hacerse con los pensamientos ajenos le permitía saber cuándo había sido descubierto, y sus piernas respondían con rapidez alejándole de allí a la carrera. Aun así su presencia y sus actos ya no eran ningún secreto y casi estaba seguro de que un par de soldados le habían llegado a ver perfectamente, pero no le habían perseguido con verdadero interés quizá por no considerarle peligroso, quizá por apiadarse de un niño. O quizá simplemente que eran demasiado lentos, para él y su capacidad de saber por qué calles iban a perseguirle. Esa era su rutina, y aunque no sabía por cuánto tiempo iba a ser capaz de mantenerla, no conocía otra forma su subsistir. No sabía qué iba a ser de él si llegaban a apresarle, así que era mejor no tener la oportunidad de comprobarlo.

De ésta forma sus días pasaban como reflejo de los mismos sucesos y solamente aquél día fue diferente. Aquél día vio más soldados que nunca. Él no sabía contar muy bien, pero allí había más soldados que dedos en sus manos. Lo peor de todo, es que escuchó en los pensamientos de uno de ellos que iban a buscarle a él; al ladrón que estaba molestando justo cuando se acercaba el torneo, y las calles debían ser seguras y atrayentes para toda la gente que iba a acudir a la ciudad, atraída por el espectáculo. Al frente de los hombres iba uno que destacaba porque su uniforme era algo diferente, y porque todos los demás le seguían. A su lado iba un tipo que aparentaba ser pobre también y aun así sus ropas eran mejores que las que Durc había tenido en toda su vida. Al niño le asustaron un poco las espadas que todos los hombres llevaban en el cinto y se alejó de allí con el corazón en un puño.

Aun tenía en las manos el fruto de su último robo: una torta recién preparada que había robado a una familia despistada. Con ella en la mano, se escondió tras unos sacos, y con horro descubrió que no era capaz de escuchar ninguno de sus pensamientos. Maldito don oportunista el suyo. Escuchó a lo lejos el sonido de muchos pasos sincronizados, y luego dejó de percibir nada aparte del latido de la herida de su cabeza, que hacía un ruido sordo que sólo él podía percibir. Entonces, no mucho después, escuchó un ruido fuerte, que no supo identificar, pero que fue su señal para salir corriendo como alma que lleva el diablo. Lamentablemente no era de noche, y la luz estaba en su contra. No podía permitirse el ser visto, así que huyó por un camino alternativo… y tropezó, con esa torpeza típica de los niños, que pasan más tiempo en el suelo que de pie. Ese tipo de caídas no tenían más consecuencias que añadir suciedad acumulada, algún que otro rasguño, y en ocasiones un quejido exagerado para llamar la atención, o porque en verdad se han hecho daño. Pero aquella vez fue fatal, porque Durc supo que les había dejado acercarse lo suficiente como para verle bien. De la misma forma que él podía ver en ese momento a sus perseguidores: eran solamente dos; el hombre al que todos seguían y el que le acompañaba. Les dedicó una mirada asustada en la lejanía, y siguió corriendo, aunque la rodilla le dolía ligeramente porque se había raspado la piel. No hay que ser un lince para entender que lo que pueda correr un chico bajito de nueve años no es comparable con la distancia que pueden hacer las piernas de un adulto. Durc sabía que iba a ser descubierto.

En el suelo quedó la torta que había robado, y el niño, convencido en su inocencia de que si devolvía lo que había robado no pasaba nada, y sin tener en cuenta que el hecho mismo de robar estaba mal y tenía sus consecuencias, se sentía desesperado, porque no sabía como recuperar lo que se había comido en aquella última semana. En su interior estaba seguro de que eso era lo que aquellos hombres buscaban: la comida que había robado, y que sino la devolvía le cortarían la cabeza o algo peor (la imaginación de un niño con el “algo peor” puede llevar a cosas muy amplias). No se dejó atenazar por el miedo, sin embargo, porque él era valiente. Y cuando topó con un muro que no podía saltar, debido a su cansancio y estatura, y al tomar conciencia de aquellos dos no darían media vuelta y que tampoco sus pensamientos le decían nada, se giró para hacerles frente.

- ¡Dejadme en paz! – no era una petición, era una orden, y se esforzó porque su voz aguda no mitigara la intensidad de sus palabras.

Spoiler:
Perdon por el post-tochazo-aburrido, es lo que salió xD ¿Te parece bien que hagamos entonces Arturo Merlín durc Arturo Merlín Durc? Si no es así tan sólo dilo Wink
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Re: 002. Pequeño, pero ladrón. [Merlín y Durc]

Mensaje  Arthur Pendragon el Mar Feb 28, 2012 11:25 am

Arturo comenzó a andar con sigilo, consciente de que el ladrón debía de saber que estaba siendo buscado, y tenían que estar preparados para cualquier posible reacción. Las palabras de Merlín le habían dado en qué pensar. ¿Había sido un comentario casual, o de nuevo su sirviente mostraba una sabiduría de la que él carecía? Tenía que admitirlo: a él no se le había ocurrido contemplar la oportunidad de la compasión. Pero ¿de quién podían tener compasión sus hombres? ¿Quién estaba por encima de la ley, que tan impecablemente cumplían en otras circunstancias? Arturo les había visto matar en su defensa de las órdenes del rey, incluso a veces en su propia opinión eran demasiado estrictos. ¿Quién se salía por tanto de ese criterio para ganarse la compasión de quienes estaba obligados a no sentirla?

La pregunta quedó sin respuesta, porque Merlín se enredó con una cuerda y provocó que una armadura se cayera, con el estruendo que aquello conllevaba. Arturo entró en cólera y le fulminó con la mirada.

- ¡Merlín! – fue un susurro, pero no por ello menos amenazante. Su sirviente traspasaba los límites de la torpeza y con ello los de su paciencia, pero antes de poder encontrar un insulto que reflejara lo muy inútil que era, alguien salió corriendo, alertado por el estruendo. Por eso mismo tenían que evitar hacer ruido, pero ya era demasiado tarde.

Haciendo una señal a Merlín para que le imitara, salió corriendo en pos de la sobra. Estaba planificando si era mejor separarse y rodearle, o conducir a quien fuera hacia donde sabía que debían estar los soldados, cuando vio que algo estaba mal. Perseguían una silueta demasiado pequeña. ¿Y si no era el ladrón? ¿Entonces por qué había corrido?

- ¡Alto! – gritó. No sabía por qué seguía diciendo eso si nunca le hacían caso, y se resignó a perseguir a quien sea que estuviera persiguiendo. El hecho de no pararse ante su orden, era motivo de sospecha e incriminación. Aunque también era muy posible que no le hubiera oído.

Pudo ver que se trataba de un niño en el momento en el que cayó al suelo. Llevaba algo en las manos que se quedó en el suelo también, y Arturo vio que se trataba de comida. ¿Era ese su ladrón? ¿Ese niño con un aspecto que daba pena y un miedo que casi era palpable? El príncipe estaba tan sorprendido que no dejó de correr. Estaba decidido a obtener una explicación, aunque las cosas comenzaban a encajar; quizá sus hombres se habían apiadado por tratarse de un crío, o quizá su tamaño le había dado ventaja y se había podido esconder bien. Nunca iba a saberlo, porque estaba seguro de que sus hombres jamás reconocerían haberle dejado escapar.

Por un segundo creyó perderle de vista, porque el camino que había tomado no tenía ningún sentido: llevaba directo a un callejón sin salida. Cuando entendió que efectivamente se dirigía allí supo que en seguida le alcanzarían. No se fijó en si Merlín iba tras él, aunque supuso que sí, ya que no quería que sus ojos se separaran de aquél niño, no fuera a ser que echara a correr de nuevo aprovechando cualquier distracción. Pero lo cierto es que en ese momento para huir debía pasar por encima del príncipe, y pareció darse cuenta porque sólo entonces habló, con una autoridad que no poseía. Por primera vez en su vida, Arturo dudó. ¿Debía sacar la espada? Su instinto le empujaba a hacerlo en una situación como aquella, pero estaba ante un niño, fuese ladrón o no, y realmente no tenía pensado hacerle ningún daño. Finalmente pensó que si le asustaba un poco todo podía poner las cosas más fáciles y se decidió. Desenvainó la espada, aunque la dejó inerte junto a su pierna, colgando de su brazo.

- Yo en tu lugar tendría más cuidado al escoger las palabras – se acordó brevemente de cómo había conocido a Merlín: entre insultos y desafíos. Ese niño poseía la misma valentía nacida en la estupidez, y tampoco parecía saber quién era él, aunque algo debía sospechar puesto que había huído. – Explícate. ¿Quién eres, qué quieres, y por qué has salido corriendo? ¿Eres tú quién ha estado robando?
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Re: 002. Pequeño, pero ladrón. [Merlín y Durc]

Mensaje  Merlin el Jue Mar 01, 2012 11:45 pm

Off: Perdón por la demora X.X

-Lo siento- Murmuré, conocía muy bien aquella mirada asesina, realmente quería enviarme a la horca, por fortuna no se podía construir en cinco minutos, así que mi vida podía aguardar un poco más. El estruendo que armé, provocó que una sombra saliera disparada por las calles de la ciudadela, no parecía muy veloz pero Arthur me hizo señas de que lo siguiera. Admitía que en un principio las señas que este solía hacerlas no las comprendía, ahora tampoco lo hago, simplemente lo imito. Es un secreto porque si se entera es capaz de darme una lección que durará más de cuarenta mil años y no tenía demasiadas ganas. Corrí pisándole los talones a Arthur y noté que aplastada había una torta ¿Lo estábamos siguiendo porque se había robado un pastel? No me parecía muy lógico, además se notaba que le faltaban algunas porciones. Era imposible que devolviera las porciones y mucho menos la comida que se había robado anteriormente. Deje escapar un suspiro y seguí con la mirada a la sombra que seguía corriendo. Me fijé que Arthur no estuviera muy cerca de mí e hice un poco de magia, está bien, si Gaius se enteraba de esto de seguro me regañaría. Me di cuenta de que se trataba de un pequeño ¿Estábamos siguiendo a un niño o a un enano? Me guio más por la primera opción. Ahí encajo todo lo del pastel y por sobre todas las cosas el por qué los guardias no habían podido atraparlo o no querían, que también era una opción –Esto es absurdo- Murmuré mientras seguía corriendo detrás del príncipe que ahora daba la orden de que se detuviera ¿Cuántas veces funcionaba eso? Nunca.

Los seguí a ambos hasta dar con uno de los pocos callejones sin salida que había en Camelot, que mala suerte que tenía el pequeño, pensé mientras provocaba una mueca en mi rostro. Al acercarme me di cuenta de que Arthur había desvainado su espada. Está bien, entendía que uno tenía que hacer cumplir la ley, que robar estaba mal visto pero ¿Asustarlo con la espada? No lo veía lógico, además yo lo comprendía. Nunca tuve la necesidad de robar absolutamente nada porque en Ealdor éramos todos pobres, quizá algunos tenían más suerte que otros, pero eso implicaba a que todos nos conocíamos. Mi madre no tenía mucho dinero y prefería morirse de hambre ella y darme de comer a mí. Cuando fui un poco más grande, preferí salir a trabajar, quizá el muchacho no tenía la suerte que había tenido yo –Sire, no me parece del todo correcto que desvaine la espada. Es solo un niño asustado- Le comenté mientras lo señalaba brevemente y le hablaba por lo bajo, tampoco quería contradecir las decisiones que tomaba Arthur, que por lo general eran correctas, pero siempre terminaba salvándole –Además ¿Qué nos puede hacer?- Mire al pequeño, realmente ¿Qué nos podía hacer un niño que podría tener entre siete o nueve años? Nada, salvo correr y tratar de esquivarnos.

Me fije en el pequeño, estaba todo sucio y me percaté que entre la suciedad también se encontraba algo de sangre seca -¿Quién te hizo eso?- Le pregunte mientras le señalaba la parte de la frente. Nunca había tratado con niños, realmente jamás porque no había tenido la necesidad, pero tal parecía que ahora me tenía que poner a favor del príncipe y en contra de mis principios, era tan solo un pequeño que estaba muerto de hambre. Arthur jamás lo entendería porque nunca en su vida había tenido necesidades –Oye y ¿Tus padres?- Le pregunte, lo más probable fuera que este no me contestará ninguna de las preguntas porque no me conocía, quizá si me presentaba. Di un paso adelante, esbocé una leve sonrisa –Soy Merlín y…- Me acerqué un poco más y le hable por lo bajo, para que solo el pequeño y yo nos entendiéramos –Y este es el príncipe de Camelot- Me enderece y alce la voz –Le debes un poco de respeto- Le comenté mientras le guiñaba un ojo.

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Re: 002. Pequeño, pero ladrón. [Merlín y Durc]

Mensaje  Durc el Vie Mar 02, 2012 10:35 am

Los ojos de Durc se abrieron involuntariamente, llenos de miedo y sorpresa. ¿Todas las espadas eran tan grandes o era cosa de aquél hombre? Él no había visto muchas armas de filo en su vida, pero aun así pudo imaginar lo que ese objeto podía hacer en un cuerpo como el suyo. Sólo por el hecho de sacar la espada, el hombre rubio tenía toda su atención. Entendía el concepto de amenaza, así le habían tratado siempre.

Antes de poder responder, pues las palabras se movían torpes en su mente, el otro hombre, el que no daba tanto miedo, se acercó a hablar con el rubio. Parecía amable y cuando le habló directamente a él, se preocupó por su herida, o más exactamente, por la persona que se la había hecho. Durc seguía sin hablar, mudo como una lechuga el día que va a ser arrancada del huerto (los demás días no están mudas, es sólo que no las oímos, o al menos así pensaba él, tras horas y horas de observar esas plantas en la pequeña huerta de su aldea). Seguía buscando la forma de escapar, pero cada vez estaba más convencido de que era imposible.

El hombre amable siguió preguntando, y al final se presentó. También presentó a su acompañante….¡el príncipe de Camelot! Bueno, no era tan extraño. Por lo que sabía se dejaba ver a menudo…. Y además eso explicaba por qué los otros hombres le obedecían. No se planteó ni por un segundo que pudieran haberle engañado. El niño tragó saliva, consciente de que su situación era peor de lo que había pensado. Decidió que era el momento de contestar a las preguntas, entre otras cosas, porque no estaba muy seguro de que uno se pudiera negar a responder a un príncipe, y más a un príncipe que estaba dispuesto a jugar a las espaditas, usándole a él como diana. Pero aquél hombre, príncipe o no, no le caía bien, y no estaba acostumbrado a tratar con gente a la que no tragaba.

- Yo soy Durc. – dijo por fin, mirando al que decía ser Merlín, y sólo a él, pues le inspiraba algo más de confianza – No tengo padres y ésta herida me la hizo un hombre que no quería perder su caza del día - respondió con total sinceridad. Después se giró al otro hombre. - ¿Cómo debo dirigirme a su principesca majestad? - preguntó, medio en serio, medio en broma. Era difícil saber si se estaba burlando, o si en verdad era la forma que tenía de preguntar el tratamiento oportuno. – No soy nadie, no quiero nada y creo que es evidente el por qué he salido corriendo. También creo que ya sabéis que soy ladrón, uno de tantos, pero probablemente el que estáis buscando ésta vez.

Se quedó muy a gusto tras mostrar esa seguridad fingida, aunque evitaba mirar directamente al que daba miedo.
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Re: 002. Pequeño, pero ladrón. [Merlín y Durc]

Mensaje  Arthur Pendragon el Vie Mar 02, 2012 11:08 am

Arturo notó que Merlín estaba inquieto por el hecho de haber sacado su espada ante el niño. Como siempre, éste tuvo que expresar su opinión, y aunque vio que tenía algo de razón, Arturo no se dejó convencer. Él no lo entendía.

- No es lo que nos pueda hacer, Merlín, sino lo que puede pasarle si sigue robando. A mi padre no le importará la edad que tenga para hacer cumplir la ley. – respondió, también entre susurros. Los soldados habían fallado en su misión, y por eso le habían enviado a él. Arturo no tenía pensado encerrar al niño, pero si no conseguía que dejase de robar la próxima vez sus órdenes serían mucho menos agradables: le enviarían a matarle. Así que asustarle le parecía un buen plan, y por lo que vio, dio buen resultado. Quizá demasiado.

Frunció el ceño al ver que Merlín se acercaba y hablaba con él, pero le dejó hacer. Sólo cuando él lo dijo se dio cuenta de que efectivamente el niño tenía una herida algo fea, en especial si no se la curaban como era debido. Para su sorpresa, Merlín tuvo más éxito que él, porque al final consiguió una respuesta. Arturo ya había imaginado que el chico sería huérfano, pero eso no evitó que le inspirara cierta lástima. No obstante, sus sensaciones cambiaron cuando el chico siguió hablando. No parecía arrepentido de lo que había hecho y hablaba con cierta impertinencia, aunque Arturo se fijó que evitaba mirarle.

Tras unos segundos en los que el príncipe le observó como si no diera crédito a lo que había oído, soltó una carcajada inesperada, y envainó la espada de nuevo. No fue una risa alegre del todo, sino que estaba teñida de cierto sarcasmo que no presagiaba nada bueno. Aquella era la forma en que se reía antes en dejar en ridículo a alguno de sus subordinados.

- Caramba, Merlín; creo que él te ha superado en la primera impresión. – por segunda vez, recordó su primer encuentro. Merlín había sido un estúpido que le había tratado sin el respeto que Arturo merecía, aunque él tampoco era el mismo en aquél entonces. Poco a poco se fue poniendo serio y miró a Durc. Entendió que no podía tomarse sus palabras como tomaría las de un adulto, así en parte su sed de quitarle las ganas de hacerse el gracioso, se aplacó. No tenía sentido meterse con un crío. Y lo de “principesca majestad”, le había hecho gracia de verdad. De todos modos el chico había admitido ser el ladrón, y Arturo no veía la forma en que podía ignorar el delito. – Dime, Durc, ¿sabes lo que pasa en Camelot con los ladrones? Estás delante del príncipe, quizá deberías reconsiderar si te conviene ganarte su favor.

Arturo no solía decir esas cosas; no le gustaba que nadie utilizara su posición para obtener algún beneficio, pero aquél chico le daba lástima, y sólo necesita una razón para dejarle en libertad. Aunque sabía que esa no era la solución, pues si estaba sólo seguiría robando. Sentía que tenía que hacer algo por él, aunque luego tuviera que dar explicaciones… a su padre, por ejemplo. Realmente el chico parecía algo abandonado. Arturo dejó de lado su orgullo herido, y se olvidó de guardar las formas. Rasgó la parte baja de su camisa – Merlín la remendaría después – y se agachó:

- Ven aquí – pidió – Tienes las rodillas raspadas y llenas de tierra. – se las limpiaría, y luego haría que le vieran la herida de la cabeza. Después, debía decidir su destino. Pero había abandonado la idea de hacer cumplir la ley. Su padre le diría que se estaba volviendo blando. Pero él no iba a encarcelar a un niño ni a dejar que se muriera de hambre.
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Re: 002. Pequeño, pero ladrón. [Merlín y Durc]

Mensaje  Merlin el Dom Mar 04, 2012 2:13 am

En algo Arthur tenía razón, Uther no le importaría la edad que alguien podría tener, su único fin era asesinarlo porque consideraba que robar era quebrantar la ley, aunque quizá no fuera tan fuerte la pena como si usará magia. Me fije en el pequeño, quizá tuviera un juicio justo y le darían una semana en el calabozo o quizá compartiría mi lugarcito en el cepo, no sé si se entretendría al igual que yo, es más debido a mi experiencia quizá le podría dar algunos detalles. Me quité aquellos absurdos pensamientos de la cabeza mientras le dedicaba una mueca al príncipe –No creo que su padre le de la pena de muerte, no tiene magia- Comenté con cierto fastidio, más bien para mí que para él. Cada vez que Gaius me recordaba que no podía usar magia porque si Uther lo veía era hombre muerto, me sentía realmente un inútil, esperaba más, eso lo admito, un mísero gracias que me hiciera sentir que realmente estaba siguiendo a la perfección mi destino, un destino que me lo habían impuesto y que al principio no me encontraba de acuerdo y que al final no me quedo más opción. Me fije en el pequeño que seguía sin dirigirnos la palabra como si nosotros fuéramos dos sombras, aunque parlanchinas –Creo que no hablará porque su cara le da miedo, sire- Le dije realizando una broma, aunque realmente sospechaba que el muchacho no hablaría porque seriamente le temía a Arthur, ¿Quién no le temería con esa cara? Y de noche, es horrible encontrarse con semejante monstruo. Me reí, mientras me lo imaginaba al príncipe convertido en un monstruo, hoy estaba demasiado disperso.

Me sacó de inmediato de mis pensamientos la voz del pequeño, tal parecía que había surtido efecto el hablarle directamente a él, no como un criminal, si no como un pequeño niño que necesitaba comer. Durc, así se presentó, me hacía acordar a mí en varios aspectos –Cuando era pequeño, no robaba porque mi madre me cortaba los dedos…literal- Comencé diciendo como si no fuera un criminal o como si estuviéramos en un banquete en donde me había topado por pura casualidad con el pequeño –Me parecía a ti- Dije dedicándole una sonrisa, quizá había dado tantas vueltas que si Durc había entendido mi punto, entonces era un niño muy inteligente. Fruncí el ceño, a veces los hombres podíamos ser bastante crueles y más si éramos egoístas –Es una herida bastante fea- Me entristeció al escuchar que no tenía padres, ahora comprendía el por que el niño estaba solo y en ese estado calamitoso. No dije nada, no sabía que decir al respecto. Miré a Arthur esperando que abriera esa bocaza que lo caracterizaba y dijera algo.

De piedra me quedé cuando escuché como se dirigía al príncipe, pero de todas formas no pude evitar echarme a reír –Ni un niño te tiene respeto- Comenté llevándome una mano a la boca para ahogar una risotada que eso me podría llevar al cepo por varios días o un golpe “Correctivo” que más que correctivos eran dolorosos. Me quedé callado mientras Durc respondía y se hacía cargo de los robos que estaban asaltando al reino de Camelot y fue en aquel momento donde me dí cuenta del porque los guardias no lo habían apresado. Recordé las primeras palabras de Arthur las que mencionó que al rey no le importaba si era un adulto o un niño, la condena sería igual en ambos casos y quizá los guardias se habían apiadado y fingieron ser inútiles. Yo hubiera hecho exactamente lo mismo. Durc necesitaba comer y encontró la única manera de hacerlo posible –¿No has pensado en tener un trabajo?- Le pregunte, mi madre no quería que trabajara cuando era pequeño, pero las cosas en mi casa no estaban bien, a veces cuidaba a los chanchos y me daban un poco de pan casero que lo llevaba a casa, quizá la única comida del día. No quería recordar más y un ruido a que alguien rompía algo me sacó de mis pensamientos. Noté que Arthur se rasgaba la camisa, aquello no sólo me dio orgullo, si no ganas de asesinarlo –Claro, total la camisa la arregla Merlín, como si no tuviera suficiente con ordenarle el cuarto a su majestad, limpiar los establos, porque no es como un príncipe normal que tiene un solo caballo, si no que tiene doce…¡doce! ¿Dónde se ha visto? Arreglar su armadura, lustrar sus botas, ayudarlo a vestir, etc.- De tan solo decir todos mis quehaceres ya me sentía agotado –Podría pensar seriamente, my lord, en ponerme un sirviente- Comenté mientras me hacía el tonto.

Miré como le limpiaba las rodillas que no sólo las tenía manchada de tierra, si no que además estaban llenas de sangre -¿Puedo sugerir una idea, sire?- Dije carraspeando, por más que me dijera que me callara iba a hablar de todas formas –Podríamos decirle a Gwen que nos de un plato de comida para el muchacho y quizá se podría quedar aquella noche ahí- No me parecía muy buena idea, ni dejarlo solo con el estado deplorable que se encontraba y mucho menos hacerlo entrar al castillo porque si era un ladrón podríamos tener problemas. De todas formas era él quién tomaba las decisiones, simplemente yo cumplía.

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Re: 002. Pequeño, pero ladrón. [Merlín y Durc]

Mensaje  Durc el Dom Mar 04, 2012 3:14 pm

Como era de esperar, su respuesta no le gustó al hombre rubio (se negaba a pensar en él como príncipe) que en toda su pomposidad trató de usar su título como justificación de por qué tenía que ser tratado con respeto. Pero para Durc, que había escuchado las mentes y la verdadera esencia de muchas personas a lo largo de sus pocos años, lo que te hacía merecedor de ese “respeto” eran una serie de valores que se podrían categorizar como “bondad”. No había muchas personas buenas en el mundo, al menos no en el mundo tal como él lo percibía, y además su concepto de bondad era un poco extraño, así que cuando topaba con una de esas escasas personas, entonces sí mostraba cortesía y deferencia. El “príncipe Arturo” no le pareció uno de ellos, aunque quizá ésta percepción cambiaría pronto. Más concretamente, cambió cuando se agachó y se dispuso a curarle las heridas. Era un gesto tonto, pero nadie, nunca, le había curado una herida. Tan sólo se las habían hecho. Cuando una parecía especialmente peligrosa, Durc le robaba el alcohol a su padre y se la curaba. Se apresuró a dar pasitos cortos hacia el príncipe, con cierta vacilación; como si esperase alguna clase de trampa. Le miró a los ojos, y pensó, divertido, que los tres tenían los ojos azules. Su padre no; él los tenía marrones y algo pequeños; Durc nunca encontró amabilidad al mirar en ellos. En cambio sí la encontró en los ojos del príncipe, y por eso se dejó hacer.

El contacto de la tela con la herida le molestó un poco, pero no tenía pensado mostrar su debilidad quejándose, así que prefirió concentrarse en otra cosa. Contempló al hombre bueno, a Merlín, y pensó que era muy gracioso. Aunque en verdad, si todo eso era su tarea, no tenía nada de gracia. Le parecía extraño que, siendo claramente inferior en categoría al príncipe (¿tal vez su sirviente?) tuviera tanta confianza con él. Pudo ver por qué Merlín creía que se parecían: los dos hablaban de más.

Merlín le había hecho una pregunta y él no la había contestado, porque debía pensar muy bien lo que le respondía. El verdadero motivo de que no buscara trabajo era que tenía miedo de estar demasiado cerca de una misma persona; no tardaría en descubrir su poder, y entonces sería….niño muerto. Pero había otras razones subyacentes, y esas fueron las que dio mientras le limpiaban las rodillas:

- En realidad…sí he pensado en trabajar, pero soy demasiado pequeño para ser útil. Tampoco sé muy bien cómo se hace, porque nunca he visto a nadie trabajar. – se encogió de hombros – De donde yo vengo, nadie esperaba de mi otra cosa que esto, y yo tampoco me lo había planteado.

Escuchó que Merlín se dirigía al príncipe, y captó unas pocas palabras: “Gwen” y “comida”. La segunda palabra le gustaba. Miró al príncipe, que ahora estaba a su altura mientras le curaba las rodillas, y se dio cuenta de que le había estado agarrando la manga, no supo decir si por el ligero dolor en sus heridas al ser frotadas, o por otras razones que no supo verbalizar.
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Re: 002. Pequeño, pero ladrón. [Merlín y Durc]

Mensaje  Arthur Pendragon el Dom Mar 04, 2012 3:43 pm

Arturo ignoró las protestas de Merlín. Ya estaba hecho, al fin y al cabo, y tampoco se acababa el mundo por una camisa rota. Pero la idea de un ayudante para su sirviente siguió resonando en su cabeza por un rato, como esperando el mejor momento para cumplirse.

Durc se acercó hacia él, de una forma que al príncipe se le antojó algo tierna. Se miraron a los ojos, y Arturo sintió que de pronto parte de la testarudez del muchacho se iba. No supo a qué vino ese cambio, pero agradeció que se acercara sin más reparos, y comenzó a limpiarle la herida. Arturo no era lo que se dice “un buen enfermero”. En el sentido que no era muy delicado ni tampoco estaba acostumbrado a hacerlo. Pero había estado muchas veces al otro lado, cuando habían tenido que curarle diversas heridas de batalla, y sabía lo que escocía el contacto con cualquier superficie lastimada, aunque ésta fuera muy pequeña. Así que fue con cuidado, y percibió que el chico se ponía tenso, pero no expresaba su molestia de ninguna forma. Era valiente, o al menos lo suficientemente cabezota como para no mostrarse vulnerable. Eso le agradó, aunque también se dio cuenta del modo en que el chico se agarró a su camisa, con su pequeña mano. Trató de calcular su edad; tenía un cuerpo pequeño pero hablaba casi como un adulto. Era inteligente, y con casi toda seguridad había tenido una vida dura, y sin embargo sus reacciones eran un tanto infantiles a la par que imprudentes. En suma, a Arturo se le hacía difícil poner una cifra, pero estimó que no más de diez, y no menos de siete. Es decir, bastante pequeño para andar sólo por ahí. No se le consideraría un hombre hasta los veinte años, aunque dejaría de ser un niño sobre los quince. Era cruel que antes de ese momento se le hubiera negado la posibilidad de tener una familia.

Frunció el ceño ante la respuesta del pequeño. En realidad, el trabajo de los niños de su edad solía consistir en colaborar en la granja de su padre, o en ser aprendiz del trabajo que éste realizara. El hecho de que, según sus palabras, “no supiera cómo se hacía eso”, implicaba que su padre no había realizado trabajo alguno. Por supuesto, los nobles no trabajaban, pero si ese niño venía de una familia noble, él era mujer y era la hermana de Merlín.

No podía ser que toda su vida hubiera estado sólo. Alguien tenía que haber cuidado de él, pero estaba claro que ese alguien no había sido un modelo de entrega, trabajo y esfuerzo. De todas formas, aunque hubiera sabido algún oficio, Durc tenía razón: era muy pequeño. Para cualquier persona sería más una carga que una ayuda, porque primero debería aprender el oficio que fuera, y además precisaba ser alimentado. Alguien tenía que hacer de padre con él, en suma.

Los pensamientos de Merlín no podían diferir mucho de los suyos, porque propuso algo, y por una vez fue una buena idea. Sin embargo, no pudo dejar de ver el lado negativo.

- ¿Y después de ésta noche? ¿Qué va a ser de él?

Una idea latente trató de abrirse paso, pero Arturo la detuvo en su cabeza.

- Aunque encontrara un trabajo, ¿quién le acogería en su casa? ¿Quién tiene una casa lo bastante grande como para coger a un niño extraño y darle refugio, alimento y una ocupación? ¿Quién de entre toda la gente, puede permitírselo? Estoy seguro de que Gwen se ofrecería, pero para ella sería una carga, y en su casa no hay espacio para un niño.

No pretendía ser cruel, y quizá debería de haber mostrado algo de tacto delante del muchacho, pues estaba seguro de que le había oído, pero tenía que exponer la verdad tal cual era. Ese niño presentaba un problema, pues estaba asalvajado, sólo, y Arturo sospechaba que sin demasiados conocimientos del mundo.
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Re: 002. Pequeño, pero ladrón. [Merlín y Durc]

Mensaje  Merlin el Lun Mar 05, 2012 9:17 am

Me sorprendió al escuchar que nunca había visto a nadie trabajar, dudaba que él naciera de un repollo, suponía que padres debía de tener ¿Dónde estaban? Era un gran misterio, de todas formas no podía creer que alguien que fuera mayor no se ocupara de un pequeño niño y por sobre todas las cosas que no trabajara. Lo mire bien a Durc, no tenía pinta de ser un noble por ende los padres de este debían de tener una granja o algo en que dedicarse porque si no ¿Cómo se alimentaban? A menos que el padre del pequeño también fuera un ladrón y que haya enseñado el oficio a su hijo. No dije nada, en realidad era una de esas pocas veces que no se me ocurría absolutamente nada que decir, así que me limite a mirar la escena, un príncipe que le estaba curando las heridas a un pequeño niño y a este que se aferraba a la manga de la camisa que sobresalía de una armadura. Una escena que quedará en la mente de los presentes porque quizá ninguno de los dos quisiera que se volviera a mencionar aquello. Me quede pensando unos breves segundos ¿De dónde podría ser el pequeño? No recordaba a toda la gente de Camelot y mucho menos a los que vivían en la parte baja del reino, quizá provenía de allí, pero existía en él algo mucho más fuerte que no estaba a la vista. Me le quede mirando por unos segundos ¿Podría tener magia? Negué con la cabeza ante mis sospechas absurdas y me dispersé cuando habló el príncipe.

Tenía toda la razón del mundo, no era un animalito que uno lo cuidaba y trataba de hacerle un pequeño espacio, era un ser humano y como tal necesitaba un lugar en donde quedarse. Durc era muy inteligente y quizá me animaba a decir que bastante pillo, así que uno siempre tenía que estarle encima. Pensé en Gaius y en nuestro pequeño hogar, pero ya era bastante suficiente nosotros dos como para agregar a un pequeño, Lancelot y Gwaine cuando se quedaron, eran solamente por algunos días pero Durc tenía que ser para siempre, no consideraba que a Gaius le gustará del todo la idea –Bueno…- Comencé diciendo, la única casa y si podíamos llamarlo así, grande que conocía era nada más y nada menos que el castillo –Puede vivir en el castillo- Me eche a reír a carcajadas, no podíamos dejarlo solo por aquel porque si lo veía el rey se iba a preguntar que estaba haciendo un pequeño merodeando por los pasillos de este. Alguien tendría que cuidarlo y vigilarlo -¿Puedo hablar contigo un segundo?- Le pregunte, mientras lo llamaba a Arthur, no me parecía del todo correcto que habláramos frente al pequeño Durc. Estábamos desdiciendo su futuro pero tal parecía bastante más complejo de lo que realmente aparentaba –Yo le podría preguntar a Gaius si puede venir a vivir con nosotros un pequeño. Pondríamos en mi habitación una camita más. Me haría cargo yo hasta que encontráramos alguna familia que lo acogiera, no creo que sea conveniente que Gaius se hiciera responsable de él- Lo metía en muchos problemas a Gaius como para meterlo en uno más –Y no sé, le podrías dar algún trabajo en el castillo- Me encogí de hombros, tal parecía que al príncipe se le habían agotado las ideas porque el ser pensante en aquellos momentos era yo.

-Tendríamos que llevarlo a algún lado para que se alimentara, que se duchara y que durmiera algo, así como también curarle las heridas- Comenté lo más serio posible, ya estábamos tardando mucho y quizá los guardias sospecharían y nos buscarían. Yo tenía que pensar como hablar con mi tutor y hacerle entender lo urgente que era que un niño se viniera a vivir a nuestra casa. Tendría que ver en que momento podría usar magia, porque con él iba a ser demasiado difícil y esconder todo lo que pudiera relacionarme con ella. Había que adaptarse a los nuevos cambios, y esperaba que Gaius me dijera que sí, ya me imaginaba cual sería la respuesta “¿Te has golpeado la cabeza, Merlín?”. Y si decía que no, cosa que era poco probable, podía ponerle cara de perrito mojado a Gwen, y decirle que Durc estaba tan sólo en el mundo que hasta las plantas lloraban, entonces de seguro que se apiadaría y lo adoptaría, soy brillante.

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Re: 002. Pequeño, pero ladrón. [Merlín y Durc]

Mensaje  Durc el Lun Mar 05, 2012 1:33 pm

Durc permaneció callado mientras el príncipe dejaba claro que él era una molestia. Aunque demostrara con ello una evidente falta de tacto, el niño se lo agradeció, porque le agradaba que se le mantuviera al corriente de lo que le incumbía. Estaba realmente asombrado de que estuvieran allí hablando tranquilamente de su futuro, sin mencionar la cárcel, ni el cepo, ni ninguna otra pena presupuesta. No iba ser él quien les hiciera darse cuenta de ese detalle, pero estaba visiblemente aliviado.

Merlín se llevó al príncipe aparte, probablemente para seguir hablando de él, y Durc se quedó con las ganas. No obstante, una de sus pocas virtudes, es que era paciente, así que esperó. En ese momento podría haber salido corriendo, pero no era estúpido. Sabía que tenía pocas probabilidades de éxito, y que de todas formas, al saber ya de su presencia, le sería imposible continuar con lo que venía haciendo. Así que dependía totalmente de aquellos dos hombres.

Entonces ocurrió. Fue en un momento de silencio, en el que parecía cocerse algo importante, y Durc necesitaba saber lo que habían dicho. Le frustraba esa incertidumbre. Y de pronto pensó con fuerza que realmente quería escucharles y con ese deseo su poder salió de él, o mejor dicho, escapó a su control. Y sintió cómo conectaba con la mente de ambos, de forma involuntaria. Pero no para escuchar, sino para transmitir.

“¿Por qué tardan tanto? ¿Qué va a pasar al final conmigo?”

En ese momento quiso ser agua, para poder filtrarse en la tierra y desaparecer. Se suponía que ya controlaba su poder. Más o menos. Y en qué momento fue a perder el control. Rezó porque no se hubieran dado cuenta, pero sabía que sus esperanzas eran sólo eso.


Última edición por Durc el Lun Mar 05, 2012 1:52 pm, editado 2 veces
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Re: 002. Pequeño, pero ladrón. [Merlín y Durc]

Mensaje  Arthur Pendragon el Lun Mar 05, 2012 1:48 pm

¿Vivir en el castillo? Eso era…absurdo, era…”lo bastante grande como para coger a un niño extraño y darle refugio, alimento y una ocupación”. Cumplía todos los requisitos que el mismo había puesto. Arturo aun le estaba dando vueltas a esto, cuando Merlín lo llamó para que hablaran en privado.

Se asombró por la proposición. Hablaba bastante bien de Merlín el que se ofreciera a cuidar al muchacho, sobretodo teniendo en cuenta que, por mucho que Arturo menospreciara todo lo que hacía, ya cargaba con sus tareas de sirviente y con su labor de ayudar a Gaius en sus labores de galeno. Merlín, que le había estado pidiendo… pidiendo….¡un ayudante! Por supuesto. Era tan evidente que no podía ponerle pegas, a pesar de que las había.

- Ya le encontré un trabajo: será tu ayudante – anunció con aire triunfal, como si lo hubiera pensado él solito y sin ayuda. No era una pregunta, pero observó a Merlín para ver si le parecía bien. Después de todo, aquella era su responsabilidad, no la de su sirviente, y no podía obligarle a cargar con ello.

Se estaba regodeando en su propia genialidad, y pensando también en que efectivamente debían de irse moviendo de allí, cuando escuchó la voz clara y nítida del muchacho. Fue extraño, porque venía de muy cerca de pesar de estar a unos cuantos pasos. Como no era posible otra explicación (y de ser posible no quería pensarla), determinó que simplemente habría alzado la voz.

- ¿Has dicho algo? – preguntó, confundido. El chico, como era lógico se preocupaba por su destino, pero no parecía haber formulado una pregunta directa. – Tienes suerte, Durc, porque me parece que tal vez pueda hacer algo por ti.

Traducción: que no, que no voy a apresarte. Deja de tenerme miedo. Aunque tal vez, aunque jamás, nunca, en la vida, de ninguna forma, fuera a admitirlo, el que tenía algo de miedo era Arturo. Porque ese crío de pronto le hacía sentir invadido, y sin saber por qué, le recordó a Mordred, el niño druida al que una vez había ayudado a escapar. En seguida rechazó esa similitud: Durc no era mago, tan sólo un ladronzuelo que...un ladronzuelo. A secas.
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Re: 002. Pequeño, pero ladrón. [Merlín y Durc]

Mensaje  Merlin el Jue Mar 08, 2012 12:20 am

-Claro que cuando le diga a Gaius que alguien más vendrá a vivir con nosotros será una gran sorpresa, es más si no me envía tu padre al cepo, lo hará Gaius…- Y así continuaba mi charla, en realidad estaba hablando yo solo porque aparentemente Arthur no me estaba prestando ni la mínima atención a lo que decía, se notaba que se encontraba sumido en sus propios pensamientos ¡Claro que a Merlín se lo comiera un lobo hambriento! ¿Qué se está comiendo ese lobo salvaje? No, te preocupes, es Merlín. Resoplé, haciendo silencio por un breve segundo, tratando de preguntarme en que diablos podría estar pensando Arthur Pendragon. Me quede realmente sorprendido cuando argumento que él, el pequeño que se llamaba Durc podría servirme como ayudante, me quede realmente perplejo, me estaba cumpliendo uno de mis caprichos, entrecerré los ojos y lo miré con desconfianza -¿Quién eres y en dónde está el príncipe?- pregunte, colocando mi mejor cada de sorpresa. De todas formas la elimine mientras sonreía. Me parecía que era una buena idea, el tema era que tampoco podía abusar del niño, que lo más probable fuera que le hiciera hacer las tareas que menos me gustaban…no, claro que no lo haría, le daría el trabajo menos pesado –Me parece una buena idea- Comenté mientras sonreía, ahora tenía que pensar no solo en como podría realizar magia sin que Durc me viera, si no que además tenía que irme con mucho cuidado con esos temas porque me traería demasiados problemas. Esto de salvar a Arthur de las muertes más espantosas ya no me estaba gustando absolutamente nada porque más que nada me estaba costando poder explayarme, y más sabiendo que el que usaba magia era condenado a una muerte muy pero muy segura en donde nadie podía librarse.

Me quedé pensando en eso, algún día le tendría que decir al príncipe que quién lo salvaba de todas las muertes era yo, a pesar de que usaba excelentemente bien la espada, era sabido que las criaturas mágicas solamente se mueren con magia y ¿Quién la tenía? Merlín. Me sentía muy mal cada vez que debía mentirle y por sobre todas las cosas sabía que me iba a doler el día que tuviera que confesarle la verdad, porque no sólo me iré de Camelot, si no que perderé un buen amigo, aunque me costará admitirlo, para mí el príncipe era mucho más que un simple amo. Deje escapar un leve suspiro, aquel que decía claramente que tenía mucha angustia, cuando una voz, proveniente del pequeño se hizo presente. Arthur preguntó si había hablado, mientras que a mi me pareció más bien sospechoso. Le dirigí una mirada directa, sabía o mejor dicho sospechaba que no había movido los labios, que más bien se dirigía como solían hacerlo los Druidas y me pregunte si le vi en alguno de esos breves momentos un tatuaje de aquella tribu. No, no tenía ninguno.

Los guardias aparecieron de pronto, haciendo todo el ruido que podían hasta llegar a donde se encontraba el príncipe -¿Lo apresamos, su majestad?- Le pregunto uno con su voz potente y convencido de que debían esposar al pequeño. Mientras veía que Arthur se encontraba demasiado entretenido, me acerqué a Durc –Tienes magia- No era una pregunta, si no una confirmación, ahora comprendía el porque me había sentido extraño al principio, como si él tuviera algo que no podía llegar a interpretar “Puedes leer las mentes” Le dije trasmitiéndole el pensamientos, con la esperanza de que así fuera, y si no lo era y era al revés que podía colocarnos cosas en la cabeza, entonces iba a ser demasiado extraño, al menos para mí –No te asustes- Le dije está vez en pequeños murmullos –Tu secreto está a salvo conmigo- Comenté sonriéndole, por el momento no le iba a decir a Durc que yo también poseía el mismo don que él, prefería que el pequeño no supiera mi secreto. Y esperaba que Gaius tampoco dijera nada, aunque sabía que no lo haría, era bastante de fiar, ese era mi tema con el pequeño, yo aun no sabía si era de confianza o no. El guardia intento acercarse a Durc, yo realmente esperaba que Arthur dijera o hiciera algo, simplemente me limité a mirar y a esperar.
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Re: 002. Pequeño, pero ladrón. [Merlín y Durc]

Mensaje  Durc el Jue Mar 08, 2012 10:43 am

El niño se limitó a negar con la cabeza cuando el príncipe le interrogó. Apenas era consciente de lo rígido que estaba, y es que tenía miedo, mejor dicho, pánico, por lo que podía suceder a continuación. ¿Había sido descubierto? Parecía que el príncipe había dado por hecho que aquella frase la había dicho en voz alta, y descubrir esto le tranquilizó.

Pero entonces aparecieron un montón de guardias, que se acercaron con sus armas puntiagudas, y algunas de ellas (las lanzas) más grandes que el propio Durc. Miró con los ojos entrecerrados a Arturo: él le había dado a entender que estaba a salvo. ¿Qué clase de hombre mentía de esa manera? Se sintió traicionado, pero cuando se permitió pensar por unos segundos entendió que el príncipe no los había llamado. Los guardias se acercaron a él, como esperando órdenes, y mientras Merlín se acercó a Durc. El niño lamentó haber prestado tan poca atención a la reacción del sirviente, porque parecía evidente que él si se había dado cuenta de su desliz.

Durc había esperado que el día en el que alguien supiera lo que era capaz de hacer, tardaría un poco en atar cabos. Que la palabra “magia” no aparecería en la conversación hasta pasados unos minutos. Sin embargo la asociación de Merlín fue inmediata. Más que eso, le habló con la mente. ¿Le habló con la mente, o fue Durc quien se metió en su cabeza? Era difícil decirlo, pero la lógica empujaba a pensar que había sido el niño, que era el único mago allí presente según creía. Le sorprendió no percibir nada de miedo en aquél hombre; la gente se asustaba al ver que sus secretos no estaban a salvo. Sería que él no tenía nada que ocultar; lo cual le convertía en un hombre excepcional, sin ninguna duda.

No le quedó más remedio que confiar en él y, en parte por miedo a que los susurros llegasen a malos oídos, y en parte por el deseo de presumir un poco y de mostrar de una vez lo que era capaz de hacer, se concentró en Merlín, y le dijo a él, y sólo a él las siguientes palabras sin mover los labios:

”No sé si es magia. Pero la mente de las personas no es ningún obstáculo para mí. Me es muy fácil robarle los pensamientos a la gente, pero tengo que tener cuidado porque me cuesta mucho no proyectar mis propios pensamientos. Y entonces, se darían cuenta."

- Éste soy yo, Merlín – dijo, ya en voz alta o mejor dicho, moviendo los labios, porque no fue más que un susurro - ¿Me tienes miedo?

Estaba seguro de que su interlocutor entendía todas las implicaciones de su poder. Nada de intimidad. Aunque aun no era así, porque le costaba controlarlo y le había llevado un tiempo aceptarse a sí mismo tal como era, en algún momento ese don podía hacerle muy poderoso, pues tendría en sus manos los secretos de todo el mundo, y él sabía que era algo por lo que la gente estaba dispuesta a dar cualquier cosa: su intimidad. Las cosas que les avergonzaban, preocupaban o incriminaban de alguna manera. Tenía pensado usarlo como venganza contra su pueblo, pero tampoco tenía planes más ambiciosos. No ansiaba el poder…

…porque aun era pequeño. Si nadie le enseñaba cómo usar y cómo no usar su poder, todo el rencor podía convertirse en maldad, cuando las cosas cambiasen y ya no fuera más “un niño huérfano que vive en las calles”. Quizá era muy importante encontrar a alguien a quien no pudiera chantajear y Durc sabía que Merlín era el candidato perfecto. Ahora él sabía su secreto; por muchas cosas que descubriera sobre el sirviente, éste podría amenazar con hacer pública su magia. Esto provocó en el chico sentimientos ambivalentes; pero ganó un sentimiento positivo: deseaba quedarse con ese hombre con el que ya no tenía que esconderse. Deseaba, por una vez en su corta y maldita vida, ser aceptado. Vivir con alguien a quien no le tuviera miedo, y que le tratara bien. Ese alguien podía ser Merlín. Y el bruto de su amigo el príncipe, pero con ese más le valía tener cuidado, porque si descubría su secreto…. era niño muerto.

Pensar esto le hizo devolver su atención a los soldados, y le recordó su posición humilde. De nada valía fantasear con un futuro en el que pudiera tejer una tela de enmarañados secretos que le dieran poder entre los adultos; en aquél momento sólo era una mosca que podía caer en la tela de otras personas. Y su destino no estaba en sus manos, como tampoco lo está el de ningún niño.
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Re: 002. Pequeño, pero ladrón. [Merlín y Durc]

Mensaje  Arthur Pendragon el Jue Mar 08, 2012 11:22 am

Antes de poder mostrar su alivio por haber encontrado una solución que les satisfacía a todos, Arturo vio con horror que sus hombres les habían encontrado. Se acercaron a toda prisa y preguntaron si apresaban al pequeño. Aquí se abría un dilema, y es que dar la orden de que le dejaran libre era contradecir las normas, las leyes, y la voluntad del único hombre que tenía más poder que él: el rey. Su padre. Parecía que todos los acontecimientos de su vida en los últimos tiempos le empujaban a enfrentarse con Uther y Arturo no quería tirar del hilo de su paciencia, pues siempre había sido un hilo muy frágil. Era inadmisible, por tanto, dejar que llegase a oídos del rey el hecho de que no había hecho cumplir las normas. Para su padre todos los plebeyos eran iguales ante la ley; era igual de duro con mujeres, hombres y niños. Aunque tal vez, al no haber magia de por medio, se ablandara.

Lo que estaba claro es que tampoco podía dejar que detuvieran al muchacho. No por la celda, lo cual no sería una experiencia agradable pero sí soportable, sino por sus heridas y sobretodo, por su futuro. El niño estaba sólo, nadie respondía por él, y Arturo se había autoimpuesto el cambiar esa circunstancia. Sabía, de alguna manera, que no podía traicionar la confianza del chico abandonándole a su suerte, de la misma forma que la vida le había abandonado ya. Por eso, se volvió hacia sus hombres y escogió las palabras con cuidado:

- No.

Tenía pensado decir algo más, pero se quedó en blanco. No se le ocurría una excusa lo suficientemente buena que explicara el por qué no podían apresar a un delincuente.

- Pero señor, él…

- Él es sólo un niño y es mi responsabilidad. – mientras hablaba, se dio cuenta de dos cosas. La primera: a pocos pasos de allí Merlín y Durc mantenían una conversación a la que él no estaba invitado entre susurros y contactos visuales. La segunda: sus hombres aceptaron sorprendentemente rápido. Parecían, es más, sentirse aliviados por la decisión de Arturo. Sin embargo, uno de ellos se vio en la obligación de insistir:

- Vuestro padre…

En esa frase inacabada había una advertencia implícita. Si las intenciones de Arturo entraban en conflicto con las del rey, sus hombre estaban obligados a volverse en su contra, tal y como habían hecho en otras ocasiones.

- Él también es mi responsabilidad. Si es vuestra suerte lo que os preocupa, podéis decir que os amenacé de alguna manera. Y si persistís en enfrentaros a mí, tal vez os amenace de verdad. Nadie va a tocar a éste niño. ¿Me he expresado con claridad?

- ¡Si, sire!

Arturo relajó la mano que aferraba la empuñadura de su espada, y entonces, y sólo entonces se volvió hacia Merlín y la causa de todo aquél problema. Sabiendo el riesgo que implicaba seguir protegiendo al muchacho una vez sus hombres conocían lo sucedido, el príncipe tuvo que preguntar:

- Merlín, ¿aun estas dispuesto a ocuparte del muchacho, y a que te ayude en tus tareas?

Esperaba desesperadamente que la respuesta fuese afirmativa, para que algo, por una vez, le saliese según lo planeado
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Re: 002. Pequeño, pero ladrón. [Merlín y Durc]

Mensaje  Merlin el Vie Mar 09, 2012 2:40 am

Me quede observándolo, tal parecía que lo había tomado por sorpresa que yo intentara hablarle sin mover los labios, tampoco sabía con exactitud si él podía leer mis pensamientos. Porque podía surgir que Durc se metiera en nuestras cabezas, como solían hacer los Druidas, pero que no pudiera leer las mentes, aunque si me ponía a pensar detenidamente todo tenía que ver. De pronto me quede con la vista fija en el pequeño, pero más bien pensando en otra cosa, estaba consiente de que los guardias estaban hablando con Arthur, dispuestos a llevarse por las buenas o por las malas al pequeño, aunque esperaba que el príncipe no permitiera esa actitud, si no tendría que dejar que se lo llevasen al calabozo y fijarme la manera de hacer que escapara. Pero me vino nuevamente lo que estaba pensando anteriormente. Todo el mundo sabía o estaba al tanto de que cuando había un niño especial, como era Mordred en ese entonces, los Druidas, consideraban cual era el poder que tenía y lo hacían participe de su clan ¿habría sucedido algo parecido con Durc? No, no lo creo porque si no, no estuviera vagando por las calles, robando comida a los habitantes de Camelot, por otro lado quizá no sabía que el pequeño existía y era ese motivo por el cual no lo estaban buscando, aunque realmente me sorprendió, aquel clan sabía de todo, incluso sobre el futuro rey Arthur que lograría unificar a todos los reinos y lograría que se formara Albión, un sitio en donde la magia sería usada para el bien. Resoplé y volví a la realidad, no podía vivir para siempre metido en mi imaginación y mucho menos con mis pensamientos.

Y como por arte de magia, una voz de un niño pequeño, de la cual conocía, se me apareció en la cabeza. Agradecí que realmente mi método de probar si él sabía leer las mentes, hubiera logrado su objetivo. Tal como lo supuse, si podía adueñarse de pequeños fragmentos de los demás, y por sobre todo hacerse escuchar por medio de sus pensamientos, entonces podía leer las mentes. Aunque se notaba que todavía no comprendía como funcionaba su magia, porque aquello, aunque él temiera, era considerado magia. Asentí con la cabeza “Si, lo he notado, todavía no sabes manejar tu propio poder. Es un don realmente maravilloso y tienes que tener cuidado en donde y como lo usas” Al pensar aquello fruncí un poco el ceño, tenía que ayudar a Durc, no quería que Arthur sintiera que existía algo extraño en él y terminará por asesinarlo, aunque fijándome en las acciones que había tenido aquel día con el pequeño, lo más probable fuera que lo dejara huir, amenazándolo que si se le ocurría regresar a Camelot se le daría pena de muerte “Yo te ayudaré a contralar tu poder y quedará como un secreto” Con más razón, hasta que Durc no supiera manejar sus poderes mágicos, yo no podía decirle que era un mago, porque si proyectaba, sin querer, los pensamientos, entonces mi secreto corría peligro.

Negué con la cabeza, cuando me pregunto si le tenía miedo, en realidad me quería echar a reír a carcajadas, siempre me había hecho esa pregunta ¿Mi madre me tenía miedo cuando de pequeño, sin mencionar palabra movía las cosas? La gente que sabía que era extraño ¿Me temía? ¿Me temerían cuando dijera que era Merlín, un poderoso mago que está ligado a un destino? ¿Le temerán al poderoso Emrys? Cuantas preguntas, se me va a exprimir el cerebro con tanta incógnita –No, no te tengo miedo. Siempre pensé que los enanos llevaban oro y barba larga, pero no veo que tú lo tengas. Así que no, no te tengo nada pero nada de miedo- Le dije sonriendo y bromeando con él, esperaba que no se lo tome a mal porque no quería que el pequeño ya me tome odio de un principio.

Noté que los guardias hablaban con Arthur, pero me había perdido casi toda la conversación, por ende no sabía de qué diablos estaban hablando. Comprendí que Durc estaba a salvo de que se lo llevaran a la cárcel y por fortuna, el príncipe había tomado la decisión correcta con respecto al pequeño. Él se acercaba a mí, formulando una pregunta. Rodé los ojos y sonreí abiertamente –Si, sire, me haré cargo del pequeño y será mi ayudante- Por decirlo de alguna manera y de paso le enseñaría a como usar sus poderes mágicos, sé que estaba todavía a tiempo de que el pequeño se convirtiera en un ser bondadoso, aunque de ahora en más me tenía que cuidar de no hacer magia, agradecía que el libro que Gaius me había obsequiado se encontrará oculto –Yo le enseñaré a: Tropezarse, a olvidarse del desayuno del príncipe, a llenar la bañera y que el agua este prácticamente hirviendo. Creo que no olvido nada más- Me lleve una mano al mentón y entrecerré los ojos, ahora tenía que preparar a Gaius para decirle que un nuevo compañero se uniría a nuestra casa, y que también poseía un don –Sire, nos hemos olvidado algo importante- le dije frunciendo el ceño –Nos olvidamos de preguntarle a Durc si realmente quiere venir con nosotros- No podíamos decidir por él, mejor dicho, si podíamos, es más el príncipe ya lo había hecho, pero quizá lo hiciera sentir un poco más importante si decidía él. Mire a Arthur, era él quién debía formular la pregunta, porque él era quién lo iba a acoger en el castillo y darle un trabajo.

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Re: 002. Pequeño, pero ladrón. [Merlín y Durc]

Mensaje  Durc el Vie Mar 09, 2012 10:32 am

Era tan maravilloso hablar con alguien de la manera en que sólo él podía hacerlo… Quizás aquella fuera su primera conversación telepática, y cayó en la cuenta del alivio que se siente al poder compartir un secreto. Su felicidad aumentó cuando Merlín negó tenerle miedo, con evidente sinceridad. Había creído que sentiría algo de decepción, por no resultar aterrador y por ende no parecer poderoso, pero en lugar de eso experimentó una calma absoluta, propia de quien sabe que por fin encaja en el mundo.

“Has de saber que puedo robarle, queriendo o sin querer, secretos importantes a tu príncipe. Tú ya sabes lo que puedo hacer, así que sé que tendrás cuidado. Pero él parece… demasiado bobalicón para proteger sus pensamientos. “

Un príncipe sabe cosas que deben permanecer en secreto, y Durc se creyó en el deber de advertir que para él sería como un libro abierto…bueno, si supiera leer, que no era el caso. Pero la metáfora es válida de igual modo.

Se permitió enviar una imagen mental de su propia petulancia, si poder evitar mostrar lo demasiado pagado de sí mismo que estaba en ese momento. Así mismo, sentía una necesidad imperiosa de invadir la mente de Merlín con todos sus recuerdos, de preguntarle muchas cosas, y de hacerle partícipe de muchas otras. Pero entendió que debía contenerse, o le abrumaría demasiado. Así que envió intermitentes ráfagas de entusiasmo, como un gorrión en primavera, no exentas de cierta grosería que en voz alta se tenía que callar. Eran pensamientos inconexos, palabras sueltas, como “…secreto…” “fin de la soledad” e “idiotas”. Todo ello era un galimatías que pretendía decir: “Ya no estoy sólo, tú sabes mi secreto, no como esos idiotas”.

Por cierto que, los idiotas en cuestión, ya no le amenazaban. Reparó en esto casi a la vez que se daba cuenta de que Arturo y Merlín estaban hablando, al parecer sobre él. Cuando se metía en la mente de una persona, podía abstraerse mucho. Por eso separó un poco el contacto de su mente con la de Merlín, y así de paso le concedía más intimidad. Se dio cuenta entonces de que el sirviente controlaba muy bien los pensamientos que quería compartir y los que no, pues sólo le llegaban frases elaboradas, y no las confusas imágenes que el propio Durc enviaba inconscientemente. Esto le hizo pensar que no era la primera vez que alguien entraba en la mente de Merlín.

Miró a Arturo que lo miraba a él, que a su vez era mirado por Merlín. Era el momento de que su destino le fuera comunicado, y era impresionante lo poco que le importaba en ese momento estar rodeado de soldaditos. Alguien sabía su secreto. Todo lo demás eran nimiedades.
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Re: 002. Pequeño, pero ladrón. [Merlín y Durc]

Mensaje  Arthur Pendragon el Vie Mar 09, 2012 12:04 pm

Contuve un suspiro al escuchar la respuesta de Merlín. Hubiera sido un gran problema de haberse negado. Era bueno no tener que discutir cada decisión…Pero él no había terminado y se hizo el gracioso, como de costumbre.

-No es momento para bromas – dijo con más seriedad de la necesaria. Y al final, no pudo evitar entrar al trapo: - Quizá debiera ponerle al cuidado de alguien que sepa diferenciar entre el suelo y el aire, y caminar sin tropezarse con sus propios pies.

Pese a todo, sabía que Merlín iba a ser bueno para el chico. Desde luego, parecían caerse bien, y ya era un comienzo. Y confiaba en las buenas intenciones de su sirviente, sabiendo que difícilmente encontraría otra persona que mostrara esa disposición.


Merlín habló de consultar su decisión con Durc. Esa no era su costumbre; un futuro rey no pide opiniones, tan sólo ordena y espera que se obedezca. Aun con eso, Arturo era menos intransigente que su padre, y muchas veces rompía esa regla con Merlín, mismamente. Pero Durc era un niño. ¿Era correcto preguntarle, y correr el riesgo de que se negara? No podía confiar en que un niño supiera elegir bien, si bien era cierto que Durc parecía bastante capaz, por la autonomía a la que se había visto obligado.

Él siempre trataba de ser justo con quienes estaban en inferioridad respecto a él, porque había experimentado la impotencia de recibir órdenes sin posibilidad de réplica, por boca de su padre. Pero tampoco estaba acostumbrado a que le contrariaran. Arturo se tomó su tiempo para pensarlo, consciente de que no debía dilatarse mucho, pues ya habían perdido suficiente tiempo.

- Durc - se dio cuenta de que ya le estaba mirando, así que era innecesario llamar su atención. Algo en ese crío no dejaba de inquietarle… - En adelante estarás con Merlín. Trabajarás para él, pero responderás ante mí. ¿Entendido?

Era lo más parecido a una pregunta que el príncipe era capaz de hacer, poco acostumbrado a las buenas maneras. Además, no quería parecer débil ante los hombres. Aun así, para suavizar un poco sus palabras, y dar a entender que no era del todo una imposición, añadió:

-Si vienes conmigo, ya no tendrás que vivir en la calle.
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Re: 002. Pequeño, pero ladrón. [Merlín y Durc]

Mensaje  Merlin el Dom Mar 11, 2012 6:23 pm

Aquel chico me caía bien. Mire a Arthur, quizá pareciera bobalicón pero estaba seguro de que sería un gran rey en donde todos podríamos vivir en una armonía y una paz que nadie hubiera podido conocer, así como también esperaba con ansias que la magia no estuviera más vedada y poder ser libre, sin tener que esconderme nunca más de aquello que era una muerte segura ¿Cómo lo tomaría Arthur cuando se diera cuenta de que la persona a la que confiaba poseía magia? Quizá no me vería con los mismos ojos o quizá estaría colgado para siempre. Me quité aquellos horrorosos pensamientos de mi cabeza, era espantoso pensar de esa manera. Me concentré en Durc, él mismo me acababa de decir que tenía que tener cuidado en lo que pensaba y en lo que no, que a veces sin proponérselo, robaba aquellos y no ponía en duda que en muchos casos lo usará para sus fines. Asentí con la cabeza “No te preocupes Durc, no tengo nada que ocultar, de todas formas voy a ver como cerrar mi mente” Mentía, desde que los Druidas podían hablarme mediante una comunicación telepática, Gaius me confeso que así como podían meter palabras en mi cabeza, también podían quitar, era por eso mismo que con él practicamos formas de que mi mente quedará en blanco cuando me encontraba cerca con alguien así, aunque no sabía si funcionaba “Te voy a pedir que no robes ideas del príncipe porque eso es meterse en su intimidad, tiene cara de asno, pero es un hombre con principios firmes y algo egoísta, poco amable con los sirvientes” Me reí mentalmente “Estoy bromeando, te vas a dar cuenta con el tiempo que posee un buen corazón” Arthur me tendría que agradecer, lo estaba dejando bastante bien, aunque si Durc iba a vivir con nosotros, ya tendría tiempo el pequeño de conocerlo mejor.

Me quedé en blanco y en aquellos momentos fue cuando en mí aparecieron algunas frases sin sentido alguno y una exaltación proveniente del pequeño. Trate de armar el rompecabezas que este me estaba enviando, quizá sin querer y comprendí que realmente estaba deseoso de formar parte del castillo, aunque siendo un sirviente, quién sabe, quizá Durc terminaba siendo un noble y se convertía en rey de…bueno no sé –Te encantará el castillo- Le dije, está vez hablando porque algo me decía que Arthur comenzaba a sospechar que algo extraño sucedía entre nosotros dos –Pero más te agradará cuando el príncipe te diga…- Carraspee e imite la voz y los movimientos del príncipe –Durc trae esto ¿Qué haces? Te dije esto…no mejor lo otro. Espera ¿Qué haces aquí? ¿No te dije rápido?- Sonreí, aunque era cierto, era un hombre de poca paciencia. Está bien, tenía que admitir mis errores, yo también me buscaba a que me reprochara ese tipo de cosas porque era bastante lento y si lograba hacer algo rápido mis pies terminaban por pasarme una mala jugada y terminaba de boca al suelo.

Fruncí el ceño y me quede mirando al príncipe ¿No había dicho que le debía preguntar? Me quede congelado y luego comprendí que le estaba pidiendo peras al olmo y que no preguntaba, simplemente imponía, así que me tenía que conformar con eso. Además, si mal no recordaba a mi tampoco me habían preguntado si quería ser el sirviente de él, simplemente el padre de este, en forma de agradecimiento, me dijo que sería el sirviente, y luego el gran dragón me confirió que debía protegerlo hasta de un resfriado –Bueno, es un comienzo- Murmuré mientras ladeaba un poco el rostro. Sonreí abiertamente, lo que Arthur decía era la verdad, si Durc venía a vivir al castillo tendría que dejar atrás la calle y las preocupaciones que no debían de tener un niño pequeño –Además tendrás una rica comida…no sé Avena. Al príncipe le encanta. Vamos, my lord dile a Durc lo rico que es- Me reía interiormente, recordé la charla que habíamos tenido al comienzo de la mañana en donde me olvide su desayuno y le lleve el mío. Cosa que se negó a comer y termine por disgustarlo yo. Me volví a concentrar en el príncipe -¿Lo llevamos hoy? O ¿Continuamos con el plan de llevarlo a lo de Gwen?- Los guardias se estaban dispersando, algunos hablando, por lo bajo entre ellos.
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Re: 002. Pequeño, pero ladrón. [Merlín y Durc]

Mensaje  Durc el Dom Mar 11, 2012 7:33 pm

Durc no las tenía todas consigo: ¿si no tenía nada que ocultar, entonces por qué seleccionaba los pensamientos que le dejaba ver y los que no? Para él era nuevo aquello, porque nunca había estado en contacto con alguien que supiera a ciencia cierta que estaba siendo espiado. Su padre y la gente de su pueblo a menudo lo habían sospechado, pero nunca lo habían sabido y desde luego no le dejaban prolongar el contacto. Tampoco es que sus pensamientos dijeran nada interesante…

Merlín le habló sobre el príncipe, y por su corta experiencia con éste, el niño estaba de acuerdo, pero añadió algo más:

Parece un poco…. ennoblecido.”

Para él aquello era un insulto, pues asociaba la nobleza con la prepotencia, la arrogancia, el egoísmo, y hasta cierto punto con la maldad. Estar ennoblecido para él significaba lo que para otra persona podría ser el hecho de vivir en una burbuja, ser un mimado al que le agradaba dar órdenes. Todo ello se deducía de la forma de hablar del príncipe, como si fuera mejor que el resto de los mortales. En su mismo lenguaje corporal, que Durc interpretaba bastante bien por la cuenta que le traía, uno se daba cuenta de que iba erguido, como si le hubiesen metido un palo por la espalda. Sonrió ante su propia ocurrencia, y volvió a la realidad cuando Merlín le habló en voz alta. Por lo que contaba, se podía deducir que Arturo era una persona difícil, aunque el niño no estaba seguro de si iba en serio o en broma. Por eso se abstuvo de hacer comentarios.

Le tocó el turno al que iba a ser su señor, que le comunicó un destino que el niño ya había intuido. No le estaban preguntando, pero supo entender que se esperaba de él alguna clase de respuesta. Frunció el ceño; no le gustaba la idea de responder ante nadie, pero en cambio era evidente que deseaba abandonar la vida de la calle. Fue Merlín el que le hizo acabar de decidir.

-¿¡Avena!? – preguntó con entusiasmo exagerado, y sin entender la broma privada. En esos momentos hubiera hecho cualquier cosa por un plato de avena; un manjar que no siempre podía permitirse en su dieta irregular y poco recomendable. – ¿De veras podré comer avena? ¿Y por qué estamos tardando tanto?

Es muy tierno cuando un niño se comporta como tal, y muestra sorpresa por cosas cotidianas, abriendo esos pequeños ojos brillantes, que pierden parte de su brillo al pasar a la edad adulta. Los ojos de Merlín seguían mostrando ese brillo, y por eso el niño se sentía a gusto en su presencia, pero los de Durc se habían endurecido por las malas experiencias, y no eran muchos los momentos en los que se dejaba llevar por esa alegría espontánea; no eran muchos los momentos en los que se permitía ser feliz por algo tan sencillo como la promesa de una plato de avena.

- ¿Quién es Gwen? – preguntó con infantil curiosidad – ¿No voy a quedarme contigo? – le dijo a Merlín, con algo de confusión y de decepción en la voz. Le gustaba la idea de estar con la única persona que conocía “su verdadero él”.
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Re: 002. Pequeño, pero ladrón. [Merlín y Durc]

Mensaje  Arthur Pendragon el Dom Mar 11, 2012 8:03 pm

Arturo rodó los ojos. Qué carta de presentación le estaba haciendo… Él no hablaba así, y si lo hacía la culpa la tenía Merlín, por ser un inútil. Pero aquello le hizo plantearse qué clase de tareas podrían asignársele al muchacho. Algunas de las cosas que Merlín hacía eran trabajosas, pero sencillas. Sin embargo otras eran bastante complicadas, aunque Arturo jamás lo reconocería. Además, a su sirviente le encomendaba asuntos que exigían una gran confianza; alguna vez había redactado sus discursos. Eso no podía dejárselo hacer a un niño; ya no porque fuera muy difícil para él, sino porque no tenía con él la confianza que con los años había cogido con Merlín. Y estaba por ver que el chico supiera escribir. Se alegró que fuera Merlín quien debiera ocuparse de todo eso. No le correspondía a él decidir lo que Durc hacía o dejaba de hacer, sino tan sólo observar desde la distancia. Mucho más cómodo.

Merlín proseguía contando lindezas. ¿Con qué quería hacerse el gracioso? Ya iba a ver, ya…. Iba a responder lo que pensaba él sobre la avena cuando Durc puso aquella cara de felicidad. El príncipe se dio cuenta entonces que era la primera vez que se comportaba acorde a su edad, quizás incluso de manera más infantil a la que le correspondía, porque era evidente que algo esencial se había perdido en anteriores etapas de crecimiento. ¿Cómo podía sino demostrar tanta inteligencia, y no conocer en cambio ningún oficio? En cualquier caso, el niño le sacó una media sonrisa y Arturo comenzó a sentirse más relajado en su presencia.

- La avena es la comida de Merlín. Para ti buscaremos algo mejor – comentó en tono bromista, aunque quizá iba más en serio de lo que parecía: así merlín se estaría calladito en otra ocasión.

Entonces vino la pregunta del millón. ¿Lo llevaba con Gwen, y así Arturo aprovechaba y convencía a su padre de que le permitiera quedarse con Durc? Pero, antes de poder decir nada, el niño manifestó su curiosidad.

- Respóndele tú – le dijo a Merlín, y susurrando, añadió – Creo que te has buscado un admirador. Por lo visto él quiere irse contigo.

Vaya manera de escurrir el bulto. Pero ¿no le había hablado Merlín de dejar elegir? Pues ahí tenía, que decidiera. No iba a ser él quien le quitara la ilusión al chico; sobretodo porque no estaba seguro de lo que convenía hacer. Además de esa forma, si las cosas salían mal, no sería culpa suya, sino de Merlín. Aun así, dejó caer lo que pensaba:

- Es tarde ya, y llevarle a casa de Gwen implicaría dar una serie de explicaciones. Pero, de todas formas, el chico necesita que lo curen, y su casa no queda lejos
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Re: 002. Pequeño, pero ladrón. [Merlín y Durc]

Mensaje  Merlin el Lun Mar 12, 2012 11:25 pm

Me quede con el ceño fruncido ¿Qué quería decir Durc al mencionar que Arthur era ennoblecido? Fijé mis ojos azules en las acciones del príncipe, quizá el pequeño estaba equivocado con él, era cierto que muchas veces Arthur era un poco egocéntrico, petulante, un patán y muchas veces un completo cabeza de zapallo, pero ni con todo el hidromiel de la cantina podía decirle aquellas palabras porque al cepo dos semanas seguidas, es más hasta pondría que no me dieran agua, que me muriese deshidratado. Pero a pesar de esos defectos que dejaban oculto sus buenos dotes, sabía que él era un buen príncipe, no sólo porque el gran dragón me había comentado que este en un futuro sería un espléndido rey, logrando que todos los reinos se unificaran y la magia volviera a renacer, si no porque lo veía día a día, era muy noble y siempre estaba luchando por su pueblo. Quizá Durc no conocía a muchos príncipes y a primera impresión, uno podía deducir que el príncipe de Camelot sólo lucía una bonita cara, bien, era un cabeza de chorlito, pero será el gran rey, algún día “No has conocido a muchos príncipes. Quizá el príncipe Arthur te esté mostrando que es un patán, el rey de los patanes, pero me imagino que es solo una máscara. Se preocupa por su pueblo y siempre está dispuesto a ayudar a quién lo necesite” jamás de los jamases volvería a decir aquellas palabras y mucho menos en voz alta para subirle un punto más al ego del príncipe, pero realmente consideraba que Arthur no se merecía que a veces lo deje mal, aunque muchas veces el solito se deja bastante mal parado “No lo contradigas y te llevarás bien” Bueno, no era un consejo que yo siguiera siempre, más bien yo siempre hacía lo opuesto, sacándolo de quicio.

Me sorprendí al ver que realmente se ponía feliz con tan solo mencionarle lo de la avena, aunque Gaius no lo hacía como mi madre, estaba comible y quizá a Durc le gustará. En muchos casos me sentía identificado con el pequeño, siempre siendo marginado por ser diferente a los demás, porque casi todo el mundo te mira con desconfianza, haciéndote sentir fuera de todo el sistema que nos rodeaba. Noté que a pesar de que había tenido que crecer de pronto, algo dentro de él se mantenía intacto, como el pequeño que ahora dejaba salir –Claro, puedes comer avena, siempre y cuando Gaius haga. Lo hace muy rico- Asentí con la cabeza, esbozando una amplia sonrisa. Ya me veía haciéndole avena a Durc que realmente se merecía una cena mucho mejor que esa simpleza, pero bueno si su deseo era comer esa comida entonces no tendría problemas en hacerle algo de comer. Consideraba que a Gaius no le iba a molestar que se agregara alguien más a su casa, porque recordaba que las visitas y más si tenían algo que ver conmigo, se quedaban allí y él no me solía hacer problemas.

Arthur se vengó de mis anteriores comentarios, pero lamentablemente estaba de acuerdo con él, la avena no era una cena completa, además aquel estaba un poquito desnutrido, necesitaba comer algo así como pollo, pescado o algo mucho más suntuoso que un plato pequeño de avena que por lo general era más bien para el desayuno –Ya me agarro hambre- Comenté mientras me llevaba las manos a mi estómago, tanto hablar y pensar en comida que mi estómago estaba haciendo ruidos extraños. Escuché el murmullo, porque el príncipe se regocijaba con lo que estaba viendo –Mañana te bañarás con agua fría- Murmuré por lo bajo, volviendo a la pregunta de Durc –Gwen es…- ¿Qué le decía con respecto a ella? –Es la sirvienta de Lady Morgana, la protegida del rey., luego te pongo al tanto de todas las personas que encontrarás- Le sonreí, mientras miraba a Arthur, se salvó de que le comentará sus problemas amorosos, además no quería que mi boca hablará de más con respecto a Morgana. Me quedé pensativo, el príncipe tenía razón, si nosotros caíamos a estas horas en la casa de Gwen, si bien ella no iba a tener demasiados problemas, conllevaba a que la molestáramos y segundo el pequeño estaba herido, pero no eran heridas de muerte, así que podían aguardar tan solo un par de segundos –Bueno, vendrás conmigo- Le dije, luego le explicaría mejor la situación a Gaius que no tendría problemas, aunque ya sabía en lo que me podría decir y le tenía que prevenir que Durc podía leer las mentes –Creo que es hora de irnos, no sólo porque hace frío, tampoco porque mañana un príncipe se tiene que levantar temprano para hacer nada, si no que Durc de seguro tiene hambre y yo me sumo a su hambruna- Asentí con la cabeza mientras le hacía señas con la mano para que el pequeño me siguiera.

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Re: 002. Pequeño, pero ladrón. [Merlín y Durc]

Mensaje  Durc el Mar Mar 13, 2012 8:06 pm

Dándose cuenta de su primera reacción, Durc trató de volver a una expresión seria, aunque le resultó difícil. Las cosas de pronto le iban bastante bien; jamás pensó que podía encontrar un aliado en el príncipe de Camelot. Aunque no se engañaba: sabía que todas aquellas consideraciones se acabarían si descubría que tenía magia. Era por eso, y por otros detalles por los que se sentía más afín a Merlín, con quien proseguía su conversación mental.

Ahora le estaba contando la “parte buena” de Arturo, y así el niño pudo empezar a percibir la clase de relación que tenían; una amistad sincera que se camuflaba bastante bien con la forma en que ambos se trataban. Aun concediéndole el beneficio de la duda, a Durc no le gustaba eso de que al príncipe no se le pudiera contradecir. Si así era, entonces no iban a llevarse bien, o eso se temía.

No soy tonto: ahora mismo le debo el no estar camino de “la jaula” así que supongo que hay algo de cierto en eso que dices. Pero sigue siendo un niño mimado. Te habla como si fuera superior a ti.

Persistió en su obstinación, sin darse cuenta de que:
a) no era muy lógico que él llamara “niño” a Arturo.
b) le gustara o no, el príncipe era superior, al menos en cuanto a posición social.

Por fin, alguien le explicó quién era Gwen. Le pareció una extraña coincidencia que sirviera a la mujer que hacía poco le había ofrecido su ayuda. Esto le dio que pensar; había rechazado la oferta de Morgana por medio a estar demasiad cerca del rey, y ahora iba a servir a su hijo. Sin embargo, se sentía más capaz de controlar su don, tenía a Merlín que conocía su secreto y no tenía muchas más opciones, dado que no podía seguir robando. Sintió curiosidad por conocer a esa Gwen, y ver cómo le hubiera ido de haberse ido con la protegida del rey. Pero seguía sin querer ir con ella, porque quería estar con Merlín. Le alegró ver que, finalmente, se iba con él.

Efectivamente, Durc tenía bastante hambre, así que la sugerencia de Merlín le pareció muy buena idea. Correteó para alcanzarle y se puso a su lado, como si Merlín fuera un planeta y Durc su satélite.

- ¿Y él tiene una corona? – se le ocurrió preguntar, de pronto. No sabía demasiado sobre los príncipes. ¿Era tan rico como él se imaginaba? ¿Habría rescatado alguna princesa? ¿Luchaba en muchos combates? En definitiva, ¿cómo era el hombre al que debía de servir?
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Re: 002. Pequeño, pero ladrón. [Merlín y Durc]

Mensaje  Arthur Pendragon el Mar Mar 13, 2012 8:24 pm

Algunos hombres se habían dispersado con discreción, yéndose a hacer la guardia o regresando al castillo. Quedaban por allí muy pocos, que permanecían expectantes, tratando de dilucidar lo que deseaba el príncipe que hicieran. Arturo les indicó con un gesto que podían irse, y esperó que fueran capaces de estarse calladitos hasta que diera con la forma de informar a su padre de lo sucedido. Si usaba las palabras correctas, confiaba en no tener mucho problema, pues esta vez se trataba de algo que su padre podía entender, en opinión de Arturo.

El niño sólo parecía tener ojos para Merlín. Es más, parecía que se estaba perdiendo algo, aunque no alcanzaba a entender el qué. Era como si esos dos se entendieran, de alguna forma extraña y privada. Supuso que era algo bueno, dado que iban a pasar bastante tiempo juntos.

Era cierto, debían irse. Antes de poder manifestar su conformidad, Merlín se puso en marcha y el niño le siguió. Era divertido ver el efecto que tenía Merlín sobre él. Arturo pensó que aquello, de alguna manera, le confería mucho poder al sirviente sobre el crío; le tranquilizaba saber que él nunca se aprovecharía de él.

Se rió ante la pregunta tan extraña, y dejó que fuera Merlín quien la contestara. El titulo no se llamaba “príncipe coronado” por nada, pero supuso que el niño no tenía por qué saberlo. Le extrañó en cambio los motivos que pudiera tener para preguntarlo. Se le ocurrió entonces una pregunta, ya que estaban hablando de posesiones:

-¿Hay algo que te pertenezca? Que sea tuyo por derecho propio – advirtió. Nada de trofeos robados a terceros. Pero quizá tuviera algo que quisiera llevar consigo; Merlín por lo menos tenía una mochila con ropa y demás cosas que se trajo de Ealdor. Si el muchacho sólo tenía lo que vestía, Arturo tendría que conseguirle algo de ropa. A Merlín le diría que no se fiaba de lo que pudiera conseguirle, pero en realidad se trataba de que no quería cargarle de gastos que para él podían ser excesivos. Para Arturo en cambio, no sería nada; tenía un cofre con más oro del que podía contar, y además ni siquiera tendría que hacer uso de él, pues todo lo que pidiera le era concedido al instante.
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