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002 The grimm (Prince Arthur)

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002 The grimm (Prince Arthur)

Mensaje  Lancelot el Jue Mar 08, 2012 3:56 pm

Salí de la taberna, dispuesto a llegar a donde dormía y quizá empezar a realizar un discurso bastante convincente para que el príncipe me acogiera nuevamente en Camelot y por sobre todas las cosas y quizá lo más importante para mí, que me dejará participar del concurso que era mi único objetivo en aquel reino. Quería y deseaba convertirme en un buen caballero, ese que me mereciera ser llamado “Caballero de Camelot” y luchar por los habitantes de este maravilloso reino. No era quién para opinar sobre las decisiones que tomaba el rey, quizá era demasiado duro al tratarse de magia, pero suponía que en una parte algo de razón tenía. Me preocupaba por Merlín, había quedado con Gwen que me acompañaría a visitarlo y aquello me alegra lo suficiente como para volver a verlo, de seguro que seguía practicando la magia sin que el príncipe se diera cuenta de que en muchas ocasiones era él quién lo salvaba de una muerte casi segura, como también me había salvado el pellejo a mí con el grifo que nos hemos tenido que enfrentar mi primera vez en aquel reino.
Caminé en dirección donde se encontraba el hombre que me alquilaba la habitación, no era un lujo pero admitía que necesitaba un sitio donde dormir, estaba más que acostumbrado a hacerlo en un suelo bastante duro y muchas veces dormía en el bosque, no me consideraba para nada exigente.
De repente algo llamó poderosamente mi atención.
Un enorme perro negro que me dirigía una mirada asesina ¿Podría un perro mirar a un humano de esa forma? Me cuestionaba mientras trataba de no apartarle la mirada de encima, aquel no era un animal común y comencé a sospechar de que quizá se pudiera tratar de un hombre lobo, era demasiado enorme para ser un perro común, pero a la vez era un lobo demasiado pequeño.
Un rayo pintó el cielo, diciéndome lo que efectivamente me suponía, en cualquier momento empezaría a llover.
Mis ojos se apartaron unos pocos segundos del enorme perro y mire al cielo, donde un par de gotas bastante grandes se hicieron presentes, mojándome gran parte de mi rostro y por consiguiente toda mi ropa. Me volví a concentrar en el perro, pero este ya no estaba ahí.
-¿Dónde te has metido?
Me pregunte, mientras buscaba con la mirada al enorme perro con el pelaje tan oscuro como la misma muerte. Nada de lo que estaba sucediendo en aquellos momentos parecía demasiado normal, no era la primera vez que alguien se encontraba con un perro, pero si se podría decir que era la primera vez que me cruzaba con un animal tan extraño como aquel. Un gruñido me sacó de inmediato de mis pensamientos, y tras girarme un poco, lo vi, estaba cerca del borde que me llevaba directamente a los bosques de Camelot. Instintivamente lleve mi mano a la empuñadura de mi espada, la que me acompañaba en todas mis batallas y con la única que me sentía completo. Era la misma espada que había usado para ganarme el título de caballero de Camelot, cuando mentí para entrar. La misma espada que había forjado el padre de Gwen.
Me olvidé de todo aquello al decidir perseguir al perro, algo no cuadraba en toda la situación, y sin embargo decidí seguirlo, con paso demasiado lento y por sobre todas las cosas decidido a sacar mi espada si algo ocurría.
El perro cada vez más se adentraba al bosque, y mi persona lo seguía detrás. La luna había quedado completamente cubierta por unas enormes nubes, mientras la lluvia seguía cayendo y golpeando con el enorme follaje. Por otro lado, la oscuridad se hacía cada vez más espesa y se dificultaba poder ver. Me detuve, algo allí no estaba bien…
Había demasiados murmullos que no eran normales y pude ver que a lo lejos había algo de luz y allí estaba el perro, indicándome el camino. Corrí inmediatamente y saqué mi espada. No podía creer lo que mis ojos estaban viendo, un ejército casi entero de los caballeros de Camelot estaba tirado en aquella tierra fría, algunos seguían vivos, demasiado lastimados, mientras que otros ya estaban muertos y a lo lejos divisé alguien que si recordaba.
-Arthur.
Murmuré mientras corría para ver si se encontraba bien. Al acercarme, volví a percibir al perro, entonces me di cuenta de que aquel no era uno común, si no el famosos Grimm, el animal que está cuidando a los muertos y que presagia una futura muerte.
Sostuve la cabeza del príncipe y me asegure de que se encontraba vivo, entonces, aunque no debería, le di unos golpecitos en las mejillas para que abriera los ojos.
-¿Se encuentra bien, my lord?
Lo zamarreé un poco, con la esperanza de que se moviera y que me diera la pauta de que al menos se encontraba algo consiente. Un extraño ruido, me llamo la atención, el perro seguía merodeando por ahí, y una flecha se alojó en mi hombro. Tal parecía que los caballeros habían sido atacados por sorpresa pero ¿Por quien? Aquello no parecía obra de un ejército enemigo. Me dolía terriblemente donde la flecha se encontraba, pero aun así me levanté como pude y entrecerré los ojos.
-¿Quién anda ahí?
Dije con voz potente y firme, mientras me quitaba la flecha y la lanzaba a un lado. Sabía que el dolor iba a persistir por un largo rato y que lo más probable fuera que tuviera que encontrarme con Gaius para que me diera algún remedio y que me curara la herida.
Y tras las sombras de los árboles se formo una figura, era una mujer, bastante hermosa, con el cabello pelirrojo que le caía como una cascada en aquel rostro ovalado pálido. Creo que tenía los ojos almendrados y una boca pequeña de color coral.
-Lancelot.
Mencionó mi nombre como si realmente nosotros dos nos hubiéramos conocido de toda la vida, pero yo realmente no tenía ni la menor idea de quién podría ser. Y tras dejar que aquellos pensamientos escaparan, escuché que ella se reía a carcajadas, rompiendo el silencio que existía entre los moribundos, el príncipe atontado, ella y yo.
-No recuerdo el habernos conocido.
Mencione, pero sabía que estábamos en problemas, tenía que levantar el peso muerto del príncipe y llevarlo al castillo, allí de seguro estaría mucho más a salvo que allí.
-No pensé que vendrías a salvarlos. Tal parece que hoy morirán un príncipe y un aspirante a ser caballero.
Y volvió a romper a carcajadas, fue en aquel momento donde supuse que los había traído a todos ellos con una trampa y que su idea era asesinar al príncipe. Era una hechicera. Me dirigí a Arthur y tras colocarle su mano en mi hombro, empecé a correr. Sabía que ella estaba pisando mis talones. Corrí con mas ímpetu, no tenía ni la más remota idea de donde podría encontrarme en aquellos momentos pero necesitaba un refugio, al menos hasta que el príncipe recobrara un poco el sentido.
Después de correr y escuchar los apagadas pisadas de la bruja, me topé con una cueva, realmente esperaba que estuviera deshabitada y nos metí dentro. Volví a golpear con suaves golpes en el rostro a Arthur.
-¿My lord?.
Espere que aquello lo hiciera reaccionar de una buena vez, porque si o si teníamos que enfrentarnos a la bruja.
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Re: 002 The grimm (Prince Arthur)

Mensaje  Arthur Pendragon el Vie Mar 09, 2012 5:27 pm

Fue un espectáculo tétrico en la noche, aunque estuvo impregnado de cierta belleza. Un extraño juego de luces y sombras con origen en el bosque llamó la atención de los centinelas, y Arturo acudió a las almenas a observar con inquietud. Magia.

Habrían tardado algo más de tiempo en llegar a la conclusión de que se trataba de brujería, de no haber sabido que una hechicera merodeaba los alrededores. No tenían noticia, sin embargo, de que hubiera traspasado las fronteras de Camelot. En su momento, le habían dado menos importancia de la que merecía, porque no había hecho...nada. Se limitaba a llamar la atención allí donde iba, como si quisiera ser descubierta. Pero no atacaba, no destruía…no utilizaba su poder para nada relevante. El que fuera a Camelot justo cuando se avecinaba el torneo era una mala jugada del destino, y Arturo sabía que ignorar “la visita” no era una opción, puesto que sería pasar por alto la ley más inquebrantable del reino. Mientras la mujer se mantenía en la frontera con el reino de Cenred, no era asunto suyo, pero el príncipe entendió que al presentarse allí era su deber hacerle frente. Tenía la esperanza de que no le supiera un gran problema, pues en su arrogancia se creía capacitado para vencer a quien creía tan sólo una exhibicionista, que más que magia hacía trucos.

Sin esperar a que llamase la atención de toda la ciudadela, partió con su caballo y un grupo de hombres. Cuando entraron en el bosque, un círculo de fuego apareció de la nada, impidiéndoles volver por donde habían ido. Era tan evidente que se trataba de una trampa, que Arturo pensó que estaba perdiendo facultades. Por supuesto. No le importaba el reino de Cenred; por eso allí no había atacado. Lo que quería era Camelot; un Camelot tan confiado por creerla inofensiva como para acudir a apresarla como las moscas acuden a la miel. Sin la protección de la ciudadela, los hombres eran vulnerables a la magia. Una magia que, con toda seguridad, implicaría algo más que las luces que habían visto.

Sin poder ir hacia atrás, avanzaron en busca de la bruja. No tardaron en encontrarla, o quizá en ser encontrados. Arturo, sin embargo, estaba equivocado: la bruja no tenía ningún interés en el reino, sino en su príncipe. Él era el objetivo de aquella mujer, que había perdido a su hijo, también hechicero, a manos de Uther. Claro que él no llegó a saberlo.

No tuvo oportunidad de enfrentarse a la bruja, porque ésta invocó una serie de criaturas, a cada cual más peligrosa, que le servían de escudo. Aquellos seres, a los cuales Arturo no podía dar nombre, les rodearon. Otra persona más ducha en las artes mágicas habría sabido que se trataba de arpías; concretamente, la proyección de una sola criatura que se ocultaba entre las ilusiones. Esto se hizo evidente cuando las espadas no encontraban más que aire, allí donde sus ojos veían a las bestias.

Los seres se movían a una velocidad exagerada, y a cada movimiento le seguía el grito agónico de un alma abandonando a su cuerpo. Sólo una mataba, pues sólo una era corpórea, pero los hombres estaban perdidos en la confusión y no acertaban a discernir ilusión de realidad. El príncipe creyó percibir a la verdadera, al notar que una de las criaturas dejaba huellas en el suelo, mientras que las demás no.

- ¡A mí, a mí! – bramó, con el escudo sobre su cuerpo, para ser rodeado por sus hombres. Disponía ahora de seis menos de los que tenía al abandonar el castillo.

Los movimientos fueron mecánicos. Arriba, abajo, esquivar el cadáver. Caerse, levantarse. Derecha, estocada, izquierda, escudo. Tras lo que fue una lucha eterna, que ocupó en verdad muy pocos segundos en el tiempo, la espada de Arturo se hundió en el corazón de la bestia. Con un sonido infrahumano, el animal desapareció, como desintegrado. El príncipe se dio cuenta, con horror, que junto a él ya sólo quedaban dos hombres. En seguida debió corregirse, pues una flecha – una flecha que nadie lanzó, sino que se materializó desde ninguna parte – ensartó a cada uno de ellos. El recuento era demoledor.

Se escuchó entonces la risa de la mujer. Se escuchó también el nombre de Arturo. Y luego nada. El príncipe alzó la espada y corrió, enfurecido y atormentado por la muerte de sus compeleros de armas. Jamás llegó siquiera a acercarse a su destino, pues un viento nacido de la magia le empujó contra un árbol, provocando su inmediata pérdida de conocimiento.

Fue vagamente consciente de que había alguien junto a él, que le levantaba. Cuando volvió en sí, se encontró con un rostro conocido, pero que no encajaba con el momento, el lugar y la situación.

- ¿Lancelot? – preguntó – ¿Qué…? – trató de incorporarse, pero se le nubló la vista así que se lo tomó con calma – ¿Dónde estoy? Había una mujer, una bruja… - trató de coger su espada, pero ésta no estaba. Debía de haberse quedado en el lugar del enfrentamiento. – ¿Dónde está?


Última edición por Arthur Pendragon el Sáb Mar 10, 2012 10:16 am, editado 1 vez
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Re: 002 The grimm (Prince Arthur)

Mensaje  Lancelot el Vie Mar 09, 2012 11:36 pm

Al menos el príncipe había recobrado la conciencia y ahora balbuceaba algunas vagas palabras. Noté que estábamos a oscuras, si no fuera por la luna que poco a poco iba alejándose de esa luna que nublaba su luz y ahora nos iluminaba. Para nosotros era fundamental al menos ver en donde nos encontrábamos, pero también era un verdadero riesgo si la bruja se ponía en nuestro encuentro. Realmente esperaba que mi espada pudiera ser de utilidad cuando nos atacara, de esa forma acabaría con ella y nuevamente reinaría la paz en Camelot.
Mi deseo era encontrarme con Arthur, pero no me parecía demasiado lógico que fuera en aquel estado de semi inconciencia. Lo miré con el ceño fruncido, realmente estaba preocupado por él, era quién gobernaría todo aquel reino y no convenía que muriese en una batalla tan tonta como aquella. Igual, se notaba que la bruja algo quería.
-¿Se encuentra bien, mi lord?
Pregunte alejándome un poco y acercándome un poco a la entrada de la cueva para ver si ella estaba por allí acerca. Tenía mi espada en la mano, aquella con la que iba a participar en el torneo, con la mínima esperanza de poder ganar aquello. No quería la aprobación de todos los presentes, de las personas que se deleitaban con aquella competencias, nada más me importaban la aprobación de tres personas.
La primera era de Uther Pendragon, el rey de Camelot, aquel que anteriormente me había prohibido la entrada a aquel reino y que ahora, tras un impulso me había aventurado a acercarme solamente para demostrar que realmente valía para tener el título de caballero que me negaron por haber mentido y con razón ¡Qué ingenuo había sido al pensar de que nadie se podía dar cuenta del engaño!.
La segunda persona era aquel que estaba algo mareado y suponía que por el golpe que se había dado, quería demostrarle a Arthur que aun conservaba las esperanzas de acompañarlo hasta la muerte si era necesario, para salvarle el pellejo, porque aunque yo no viviera en Camelot, para mí, él era mi príncipe y próximamente mi rey.
Y por tercera y última, pero no menos importante, estaba Gwen, con su sonrisa radiante y sus ganas de que mis sueños se hicieran realidad. Meneé la cabeza, despejándome de todas mis dudas y mis ilusiones, quería regresar a la realidad y escuché que ahora se estaba haciendo preguntas al respecto.
-Si, había una bruja pero logré que caminara un poco y lo traje aquí, a una cueva. Estaremos seguros hasta que la luna se despeje y nos pueda guiar en el camino. Con está oscuridad y está lluvia se nos dificultara un poco.
Le dije mientras esperaba que la luna se muestre por completo y de una buena vez por todas pudiera enfrentarme con la bruja, y terminar de una buena vez todo aquello. Me giré para encarar donde estaba el príncipe, ayudándolo a que se sentará, ya que notaba que no podía mantenerse en pie y que estaba buscando algo.
-Habría que ver si han quedado algún caballero con vida. Pensé en rescatarlo a usted.
No sabía si había hecho bien, pero consideraba que la prioridad era el príncipe, si este moría Uther podía hacer alguna de sus malicias y muchos saldrían lastimados. Suponía que algunos caballeros estaban con vida, mal heridos pero seguían respirando, cuando terminara todo, quizá ayudará a que se les de una atención médico propia de uno a caballero.
-No podrá luchar en ese estado, mi lord
Le dije mirándolo de arriba hacia abajo, mis ojos ya se habían acostumbrado a la oscuridad y algo podía ver, aunque todavía algunas cosas eran más bien manchas para mí.
-Tendremos que esperar a que la luna salga de atrás de esa enorme luna y luego lo llevaré a Camelot.
No sabía muy bien el por qué, pero sospechaba de que el príncipe me iba a decir que antes muerto y ese era el motivo por el cual no quería que luchará contra la bruja. Si yo me moría unos pocos me iban a llorar, además moría con orgullo, si él moría muchos le llorarían y no creía que fuera demasiado justo.
-Sé que dirá, mi lord, que no está de acuerdo con mis palabras, pero quiero que sepa que yo moriré…
Y las palabras quedaron suspendidas en el aire, porque se escuchó detrás de mí un estruendo. La bruja estaba a pocos pasos de donde nos ocultábamos el príncipe y yo. Guardé silencio y noté que la mujer caminaba entre la hierba y pisaba las ramas que estaban caídas. En su mano derecha llevaba una bola de fuego y realmente deseaba que estuviera Merlín con nosotros, era el único que nos podía salvar, ya que tenía magia.
Me acerqué al príncipe y me lleve el dedo índice a la boca, para que guardara silencio. No estaba seguro si ella sabía que nosotros nos ocultábamos ahí, pero realmente esperaba que de momento no supiera.
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Re: 002 The grimm (Prince Arthur)

Mensaje  Arthur Pendragon el Sáb Mar 10, 2012 4:53 pm

Trató de no prestarle atención al sordo dolor de su espalda, producto sin duda del choque con aquél árbol, y se esforzó por aclarar su mente. ¿Qué hacía Lancelot allí? Era tan inesperado como oportuno. Sacudió la cabeza; no sabía si lo que oía era el resultado del chocar de las gotas de lluvia contra su armadura, o eran todos sonidos producidos por su maltratado cerebro. Dedujo que una mezcla de ambas cuando el ruido se fue apaciguando, pero sin llegar a desaparecer del todo.

Escuchó con atención las palabras de Lancelot y, pese a la oscuridad miró hacia donde intuía que estaban sus ojos para decir, con solemnidad:

-Te debo mi vida, entonces.

Ya se la debía de antes. Aquél hombre le salvaba a cada encuentro y aun así no se le permitía formar parte de la élite de los caballeros, como tampoco, en realidad, se le permitía la entrada en Camelot. Aunque tenía curiosidad por el motivo de su regreso, entendió que aquél no era el momento adecuado para las preguntas personales. El rostro del príncipe se ensombreció cuando Lancelot sugirió el buscar supervivientes.

-No creo que nadie haya quedado con vida. Pero podemos intentarlo.

Como siempre, había otros que tenían que morir por él. Era parte de su destino, pues los súbditos protegían con su vida a la realeza, pero era una parte que Arturo nunca había aceptado.

Lancelot mostró su preocupación por el estado del príncipe, y se ofreció a sumarse a la lista de los que debían morir por él. Aprovechó un momento en el que se interrumpió para decir:

-Eso me corresponde a mí decidirlo Lan… - entonces entendió que algo sucedía, y guardo silencio él también. Se puso en guardia, entrecerrando los ojos, tratando de ver mejor en aquella negrura tan espesa.

Percibió un resplandor, y así pudo ver a la bruja, que los esperaba con algún tipo de hechizo creador de fuego en su mano derecha. Verla reavivó la ira de Arturo. Se acordó del odio que su padre tenía por la magia, y entendió sus motivos; se acordó de las vidas y las muertes de todos los hombres que yacían en el claro y por último, se acordó también de que había sido culpa suya. Él les había llevado a la muerte y no había sido lo suficientemente bueno como para vencer al enemigo. Le había fallado a sus hombres, le había fallado a su pueblo, y le había fallado a su padre. El rey le había confiado la seguridad de su pueblo, y ahora aquél ser nacido del infierno amenazaba la paz que en tantas ocasiones él había defendido. No podía permitir que la bruja llegara a la ciudadela, y ésta certeza lo llenó de coraje y valor.

-Dame tu espada, Lancelot - pidió, sintiéndose temblar, esclavo de una furia homicida que sólo se calmaría tras la muerte de la hechicera. La susodicha, por cierto, se acercaba peligrosamente a la entrada de la cueva, y empezó a emitir un canto que sonaba tan bello como peligroso.
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Re: 002 The grimm (Prince Arthur)

Mensaje  Lancelot el Dom Mar 11, 2012 5:57 pm

Mi cabeza se movió de un lado hacia el otro en forma negativa. Él no me debía nada a mí porque siempre había proclamado abiertamente que yo daría mi vida por el príncipe de Camelot, si bien yo no nací en aquel reino, lo sentía como propio. Allí encontré un buen amigo como lo era Merlín, el gran amor de mi vida, como lo era Gwen y un sueño al que quiero seguir, como era el convertirme en caballero.
-No me debe nada milord, más que estar vivo.
Esa fue toda mi contestación, porque sinceramente no quería que se sintiera en compromiso de decirme algo, además la primera vez que lo salvé no había sido yo, si no Merlín quién convirtió en mi lanza en algo poderoso para matar al grifo que estaba tratando de aniquilar a todo los habitantes de Camelot. Si bien había decidido no mentir nunca más, comprendí que no podía ponerlo en riesgo a Merlín, quién me dio una mano cuando más lo necesite. Si yo decía que el que había logrado encantar mi lanza para matar al monstruo había sido el sirviente de este, entonces la cabeza de Merlín estaría en un cesto.
Dar la vida por algo que uno creía convincente era realmente alentador, por eso mismo estaba tan obsesionado con entrar a los caballeros, quería pelear con todo mi alma puesto en un objetivo claro, no por el simple hecho de no perder la vida como estaba sucediendo en aquellos años en los que me marche por primera vez de Camelot, sin un rumbo fijo con el pretexto de probarme a mí mismo de ser capaz de formar parte de la élite y por sobre todas las cosas, de probarme que realmente era bueno con la espada. Cada vez que me enfrentaba con algún rival, comprendía que nada más lo hacía para no quedar mal ante tantos espectadores que estaban ansiosos de verme caer y que me asesinaran, si no que además también lo hacía para ganar un poco de dinero en el cual me permitía, al menos una suntuosa cena y una cama, quizá no tan mullida y cómoda, en donde pasar la noche para luego partir a un rumbo que no era fijo. Luchaba por luchar, por seguir con vida perdiendo poco a poco el sueño que me mantenía con vida.
Hasta la última vez que me encontré con Gwen, donde me recordó que alguien me esperaba en Camelot, aunque luego me retracte de pensar así y donde comprendí el por que había venido al mundo, mi sueño, el ver que ningún pueblo cercano tuviera que temes más, luchar por un ideal, luchar por la paz de Camelot y luchar por un hombre lo valiera, que tuviera el corazón noble y puro, que se preocupara por su pueblo y que se rebajará cuando lo era necesario. Ese hombre era Arthur Pendragon, el que algún día se convertiría en un buen rey, aquel que yo estaba dispuesto a dar mi vida para protegerlo con orgullo.
Resoplé, convirtiendo el sonido de la cueva en algo de ruido, los caballeros que ahora estaban en el medio de la nada, algunos quizá con vida y otro ya en otro plano, debían de tener una familia que sufriría por ellos, pero aun así, sabían que estaban para dar honor y sentirse orgullosos.
-Creo haber visto algunos que se movían. Lo más sensato, sire, es pensar en la bruja y luego en como podremos llevarnos a los heridos.
Le dije, no quería darle órdenes, pero realmente me preocupaba que la bruja se encontrara cada vez más cerca de donde nosotros nos escondíamos. Era de esperarse que fuera de esa manera, porque no eran estúpidas. Y me pregunte si todos los hechiceros en algún punto se volvían tan malvados, sabía que Merlín tenía el corazón noble y que jamás se pasaría al lado oscuro, al menos me costaba imaginármelo en contra de Camelot y de todos sus principios.
La voz del príncipe Arthur rompió con el silencio y se hizo un eco, donde me pedía mi espada. Me fije en que quizá no podría luchar como lo haría si se encontrará en buen estado, no sabía si se encontraba herido porque no tenía luz suficiente como para verificar aquello.
-¿No está herido, sire? ¿Podrá pelear?
Le pregunte, quizá no era bueno cuestionarle aquello y sin más remedio, decidí darle mi espada, no iba a permitir, bajo ninguna circunstancia que él muriese, si aquella noche alguien debía morir ese alguien era yo.
La bruja entró a la cueva y se quedo parada, observándonos a ambos con una sonrisa malvada en aquel rostro cursado por los años. Lanzó un hechizo en contra de Arthur y con una rapidez que jamás en toda mi vida pensé que tenía, me coloqué delante de él, sirviendo como un escudo. El rayo golpeó de lleno en mi estómago, logrando que mis piernas flaquearan y me arrodillara. El dolor era penetrante y horrible.
-Arthur Pendragon tiene a muchos hombres que mueren por ti, que conmovedor.
Dijo la bruja mientras una estridente carcajada salía de los labios. A pesar del dolor que sentía, me levanté del suelo y le dedique una rápida mirada al príncipe. Sentía como la transpiración corría por mi rostro y como el dolor se concentraba aun más.
Como pude, tomo un palo que había allí, quizá alguien lo había utilizado para leña, y corrí hasta donde estaba la bruja con el palo en lo alto, yo la entretendría mientras el príncipe podría aprovechar para clavarle mi espada en alguna parte de su imponente cuerpo.
Como era de esperarse, ella comenzó a emanar un torrente de palabrerías, de hechizos, que algunos lograba esquivar, mientras que otros me daban de lleno en la cara, en el estómago, en el hombro. No tenía demasiada energía y lo supe cuando nuevamente caí en el suelo…

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Re: 002 The grimm (Prince Arthur)

Mensaje  Arthur Pendragon el Lun Mar 12, 2012 6:20 pm

Lancelot era uno de los hombres más nobles que había conocido, y eso que se trataba de un plebeyo. Tenía un sentido del honor sólo comparable al del propio Arturo y, le pese lo que le pese al príncipe, incluso superior. Eso se demostró cuando reaccionó con humildad ante las alabanzas. A pesar de lo que dijera, Arturo sabía que tenía una deuda con él y no iba a olvidarlo.

El caso es que, aunque estuviera agradecido por el hecho de estar vivo, aquello le suponía un problema. Estaba seguro de que algo había traído de vuelta a Lancelot, algo importante para él, quizás persistiera con lo de ser caballero. Pero el rey no estaría de acuerdo con su regreso, y mucho menos con las pretensiones que pudiera tener. Más allá de que Arturo creyera que Lancelot se merecía lo que anhelaba, estaba el hecho de que ahora le debía su apoyo casi con más razón. Era el hombre que le había salvado la vida – dos veces – y él no podía cruzarse de brazos. Preveía un nuevo desacuerdo con su padre, y ya tenía demasiados. Suspiró.

Lancelot tenía razón: debían volver al claro, a por su espada y a por los heridos, si los hubiera. Pero para ello debían hacer frente a la bruja…Y Lancelot trató de disuadirle, aunque le dio su espada. Arturo no pretendía dejarle desprotegido, por supuesto, pero como sólo había una espada, tenía claro que debía ser él quien se enfrentara a la hechicera. Era su culpa, era su problema, y era su responsabilidad. Otra cuestión era el que, efectivamente, estuviera aun afectado por el golpe que había recibido. Pero tenía más herido su orgullo que su cuerpo, pues estaba acostumbrado a ignorar el dolor.

No tuvo mucho más tiempo para pensar o para acostumbrarse al tacto de la espada ajena – una buena espada, por cierto – porque la bruja entró en la cueva. Arturo no era cobarde, y aun así esa mujer le daba miedo; le daba miedo porque no le tenía miedo a él, sabiendo quién era y su destreza con las armas. Esa mujer no luchaba con los objetos de la tierra. Para él la magia era un terreno desconocido y ancestral con el que no siempre sus métodos resultaban efectivos. Tenía la esperanza de que en aquella ocasión el filo de una espada resultara suficiente.

Distraído como estaba, apenas reparó en que se volvía el objeto de un hechizo, y no pudo evitar que Lancelot se interpusiera. Algo le pasó en el cuerpo, pues se aovilló con evidentes muestras de dolor. Las palabras de la bruja dieron justo en el blanco: Arturo no quería que nadie muriera por él y otra vez estaba pasando. Otra vez su vida se colocaba por encima de la de otras personas. Dejó escapar el aire entre los dientes, y cerró los puños, apretando hasta hacerse daño. Lancelot, sin embargo, hizo algo más útil y se armó con un palo, dispuesto a atacar a la bruja para ofrecerle una oportunidad al príncipe.

Convirtiéndose en el mismo emisario de la muerte, en ese hombre entrenado desde niño para matar (y para ser un idiota, según Merlín) se alzó de un salto con la espada en ristre y amagó hacia la derecha para atacar por la izquierda con un golpe rápido, enérgico, cortante…Apenas rozó a la mujer, pero sirvió para que ésta le prestara toda su atención, dejando en paz a Lancelot, que había recibido el impacto de varias palabras incomprensibles, que parecían dañarle terriblemente.

Sabiendo que no podía enzarzarse en una pelea, pues ella ganaría al usar sus artes mágicas, Arturo apeló a su rapidez, y lo arriesgó todo a un movimiento. La espada se clavó en el estómago de la bruja. La experiencia del príncipe le indicó que era una herida mortal, pero no instantánea y tal vez la mujer tuviera medios para curarse. Sacó la espada con extrema frialdad, como si no fuese un ser humano aquello en lo que se había clavado, y se dispuso a golpear de nuevo, para no dar tiempo alguno a la recuperación. Pero antes de que el filo cumpliera su misión, ella atacó con sus afiladas palabras. Sin duda, un arma que podía llegar a ser más peligrosa.

¿Por fin libras tus propias batallas? Mi hijo también las libraba, hasta que tu padre le …

La herida le impidió seguir hablando, pero Arturo entendió lo suficiente como para empezar a sospechar que eso tenía más que ver con una venganza personal que con Camelot. En esas situaciones, era difícil pensar dónde estaba la diferencia. Arturo se preguntaba por qué él vivía, mientras que los hijos de decenas de mujeres morían a manos de Uther. Sin embargo, el que sus madres quisieran matarle ayudaba a pensar que la magia era tan terrible como su padre la describía. Eso no le impedía pensar que seguía siendo asesinato. Una cosa era matar en defensa propia, dando al enemigo posibilidad de defensa y honor, y otra era la pena de muerte, donde no ganaba el más fuerte sino el más poderoso.

Dejando de lado a la mujer, y sin pensar que no era sensato dar la espada a quien puede lanzarte un hechizo, se volvió hacia Lancelot y preguntó.

- ¿Estás bien?

OFF: Perdón por la tardanza y por la cutrez del post…
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Re: 002 The grimm (Prince Arthur)

Mensaje  Lancelot el Lun Mar 19, 2012 12:58 am

El dolor que sentía me era insoportable, mi idea era al menos pararme y detener el ataque o darle de lleno con el palo que aun sostenía en mi mano derecha. No iba a hacerle más que un simple e insignificante rasguño y quizá eso me llevará a una muerte casi segura porque se enfadaría más de lo que ya se encontraba. Pero salvaría a Arthur de una muerte casi segura, se notaba que la bruja le tenía un odio casi especial al príncipe de Camelot y yo no me podía permitir que algo malo le pudiera suceder a él. De algo me encontraba seguro, daría mi vida por protegerlo.
No iba a quedar inconsciente, me negaba a quedar tirado en aquella cueva y que el que apareciera por allí se apiadara de mí, si es que alguien se dignaba a aparecer. No me iba a dar por vencido tan fácilmente, quizá podía despedirme de muchas cosas, como por ejemplo de sueños o de personas, pero no renunciaría a lo que creía que era fiel y en ese caso, aunque no tuviera el título de caballero, iba a dar mi vida entera por proteger al príncipe Arthur, por varios motivos.
El principal era porque él era un hombre lleno de esperanzas y convicciones, no se parecía en lo absoluto a su padre, quién gobernaba en aquellos momentos Camelot, si no que tenía corazón y si bien pensaba con este también se ayudaba con el cerebro, siempre a favor de aquellos que mostraban lealtad ante quién los gobernaba. Por otro lado estaba Merlín, fue él quién, a pesar de que sólo fue una mentira que duro unas pocas semanas, me ayudo muchísimo cuando me dispuse a ganarme el título que jamás podría ser mío. Sabía que Merlín lo estimaba mucho al príncipe y que este daría su vida por protegerlo.
Por otro lado y quizá una de las pocas personas que me eran importantes, estaba Gwen, que si bien ella jamás me recalcó el tema de que sentía algo por aquel, presentía que algo estaba comenzando a nacer entre ellos dos, pero reconocía que también tenía sentimientos por mí. De todas formas, lo hacía por esas tres personas que por el momento me eran indispensables y que también formaban parte de mi vida.
El dolor desapareció, pero de todas formas me sostuve con las manos puestas en las rocas de la cueva para sostener mi cuerpo que no podía dar un paso sin tropezarme. Alcé la vista y me encontré con el príncipe Arthur llamando la atención de la bruja “-Va a matarlo-“Pensé para mis adentros frunciendo el ceño, por más que quisiera moverme mi cuerpo me lo negaba.
La bruja estaba muy segura que dos mosquitos como éramos nosotros dos, era tan fácil de derrotar, pero se equivoco terriblemente. Tal parecía que el príncipe fue mucho más inteligente y mediante una rapidez clavó mi espada en el estómago de está, era obvio que cualquier ser humano sobre la tierra, aquel golpe sería mortal, cayendo rendida inmediatamente, pero todo lo contrario, la bruja se quitó la espada como si aquello se tratara de una espina que se clavó en un dedo, ni una mueca de dolor presentó aquel rostro curtido por los años. La sorpresa que me lleve fue enorme, porque contra ataco con palabras que quizá era mucho más duras y dañinas que un puñetazo en el estómago.
El rey Uther era el responsable de que aquella mujer obrara en contra de Camelot, como tantas otras que habían, quizá, quedado en el medio del camino, pensando que podrían cumplir con su venganza, pero que nada funcionaba porque el príncipe siempre tenía a alguien que le salvaba de que muriese. Yo no quería dar mi honor con un hombre que era cruel con su pueblo, porque todo aquel que usara magia era un ser despreciable, realmente esperaba que el príncipe no fuera de la misma calaña que su padre y que supiera comprender.
La bruja cayó rendida con la mano tendida y la otra sobre la herida que ahora sangraba demasiado, había muerto, de eso estaba seguro. Me quité aquellos pensamientos cuando escuché la voz del príncipe.
-Si, sire. Estoy bien.
Me enderece, me dolían algunas partes de mi cuerpo, pero dentro de todo estaba muy bien, algo que una buena cama y algo caliente no funcionará. Me fijé que quizá él no se encontrara bien, había que ocuparnos de su herida.
-Déjeme ver su herida.
Me acerqué y noté que poseía un corte demasiado horrible y que debía ser atendido inmediatamente.
-Deberíamos ir a ver algún médico, milord, esa herida se ve demasiado fea.
Aunque antes de que eso ocurriese se me paso una idea por la cabeza. Le hice señas de que esperara en aquel sitio y me aleje a toda prisa. Corrí por el bosque, algunas raíces de los árboles se interponían en mi camino, tropezando en algunas ocasiones, como algunas ramas golpeaban de lleno mi rostro.
Llegué al claro donde la masacre se había llevado a cabo, me dispuse a examinar a los caballeros, ninguno estaba con vida y me sentí apenado por ellos, pero era su deber y había que cumplirlo. Era obvio que al ser caballero debías morir por tu príncipe y por tu rey. Encontré la espada que estaba buscando, era la que el príncipe llevaba, lo supuse porque era totalmente diferente a las demás, la empuñadura tenía la insignia real. La levanté del suelo y la colgué en mi cinturón, era tiempo de que regresará con su dueño.
Corrí nuevamente, está vez siendo un poco más cuidadoso, hasta llegar nuevamente a la cueva.
-Creo que esto le pertenece, milord.
Le dije mientras le mostraba su espada. Quería que me regresará la mía, ya que era un bonito recuerdo de mi estadía, la primera vez en Camelot.
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Re: 002 The grimm (Prince Arthur)

Mensaje  Arthur Pendragon el Lun Mar 19, 2012 9:21 am

Arturo no aceptó ciegamente las palabras de Lancelot, sino que sospechó que le estaba restando importancia, como él hacía muchas veces. Lancelot desvió la pregunta preocupándose por la salud del príncipe; tal parecía que ninguno estaba dispuesto a admitir el dolor que padecía.

- Mi herida puede esperar

No recordaba cómo se la había hecho, y eso le preocupaba más que el propio corte; tal vez se hubiera dado demasiado fuerte en la cabeza. La verdad es que le molestaba bastante, y se miró la herida mientras invocaba sus recuerdos. De pronto Lancelot se fue, rápido como una centella y quién sabe con qué propósito. Arturo le llamó, pese a saber que ya no le sería posible oírle.

- ¡Lancelot!

Se quedó allí como un tonto hasta que regresó, y lo hizo con su espada. Arturo se sintió completo de nuevo: la espada de Lancelot era buena, pero no era la suya. Intercambió un arma por otra y sonrió, complacido. No obstante, en seguida comprendió que el hecho de que hubiera vuelto sólo, implicaba que no había supervivientes.

- Mi padre se pondrá furioso cuando sepa que ha perdido a varios de sus mejores hombres.

El rey siempre decía que era deber de los caballeros el morir por la realeza, pero eso no quitaba que le disgustara perder hombres. En contra de lo que muchos creían, Uther no era malvado, y no disfrutaba con la muerte ajena.

Aunque el príncipe no era responsable de las muertes que se producían en combate, sabía que esa vez se podía haber evitado si no se hubiese caído en aquella trapa tan estúpida. Se sentía culpable y, pese a saber que su padre no le reprocharía la pérdida de los hombres probablemente si se enojaría con él cuando Lancelot saliera a colación. Suspiró. Era el momento de hacer preguntas.

- ¿Qué asuntos te han traído a Camelot?

Se imaginaba que aun deseaba formar parte de los caballeros del reino. ¿Cómo podría Arturo negarse, después de deberle la vida? Pero la decisión no dependía de él.
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Re: 002 The grimm (Prince Arthur)

Mensaje  Lancelot el Mar Mar 20, 2012 11:15 pm

Me quede en silencio mirándolo, no sabía como podría llegar a reaccionar el rey cuando se enterara de que había perdido a muchos de sus hombres en la batalla, según su hijo se enfurecería pero debía de agradecer que aquellos habían dado su vida por el futuro rey. A veces no podía comprender la mentalidad de los gobernantes, quizá porque no me manejaba con sus mismos dialectos y mucho menos tenía sangre noble como para entender que era lo que pensaban y que era importante para ellos.
Yo no era nadie para juzgar a nadie, porque era un simple hombre con sueños algo locos y deseoso de dar su vida por algo que realmente valía la pena y consideraba que Arthur Pendragon, no sólo tenía madera para ser un buen rey, si no que se preocuparía por cada uno de los habitantes de su reino. Merlín confiaba en él, siempre puso su vida en peligro para salvarle a él, Gwen ponía las manos en el fuego y ¿Qué me detenía a mí para pensar lo contrario? Nada, porque yo pensaba de la misma manera que ellos dos.
Era el momento de darle a entender mi propósito, aunque no era el sitio que yo tenía pensado para entablar un tema como el mío, pero viendo que la situación era aquel momento y que no podía dejarlo escapar, decidí hablarle desde el fondo de mi corazón, sin mentiras y mucho menos sin censuras.
-No voy a negarle, milord de que mis sueños de pertenecer a los caballeros de Camelot ha desaparecido, porque sería mentirle y he decidido no hacerlo nunca más.
Me mojé los labios, siempre había sido sincero con todas mis acciones, aunque fueran buenas o malas. Pero admitía que cuando Merlín me sugirió la idea de hacerme entrar con una pequeña trampa, mi sueño se interpuso cegándome por completo, por primera vez me vería convertido en eso que tanto deseaba, que tanto anhelaba. Recordaba que me despertaba con el mismo propósito en mi cabeza. Y me deje llevar por un impulso que termino bastante mal.
-Me he enterado que se realizará un torneo en Camelot.
Comencé diciendo mientras colocaba mi espada nuevamente en mi cinturón, uno que había ganado en una de las tantas peleas que siempre me veía enlazado y que si bien me llevaba algún que otro corte, agradecía que saliera victorioso. Consideraba que era más bien una cuestión de suerte que otra cosa.
-Y me gustaría pedirle un favor, milord…
Hice una pausa, aprovechando para hacerle un leve movimiento de cabeza, ahora que lo pensaba y recordando las palabras que he tenido con Gwen. No me sentía tan valiente como me lo esperaba y las palabras quedaron atoradas en mi garganta, ahora que lo pensaba parecía todo una idea bastante descabellada, pero no podía retractarme, ya me encontraba en aquella cueva diciéndole algo que todo el camino a Camelot se me había ocurrido y que ahora simplemente eran palabras en mi cabeza que ninguna tenía sentido.
-Milord, nada me haría más feliz y me completaría que poder formar parte del torneo que se dará en Camelot, es por eso mismo que estoy aquí.
No sabía como decirle al príncipe que si era posible arreglar algo para que pudiera participar y demostrarle tanto a él como a su padre que si bien mentí la primera vez que decidí pisar Camelot, había cambiado y que estaba decidido a hacer realidad mi sueño, si no se podía, no importaba al menos había cumplido una parte de mi sueño.
-Sé que quizá lo que le voy a pedir es imposible, pero no sabe lo importante que sería para mí poder participar y poder competir.
Y seguía dando vueltas al tema, por una parte existía algo de esperanza y por la otra parte en mi cabeza ya estaba más que preparado la negativa que podría recibir cuando el príncipe me dijera que no era posible, bajo ningún punto de vista y en aquellos momentos me estaba preguntando ¿Qué pasaría si me dijeran que no? Podría recurrir a hablar directamente con el rey, quería ser lo más sincero posible, no estaba dispuesto a mentir.
-Lo mejor, sire, es que vayamos para lo del médico para que le cure la herida. Usted es importante para el reino de Camelot.
No estaba dispuesto a que esa herida se hiciera mucho más grave.
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Re: 002 The grimm (Prince Arthur)

Mensaje  Arthur Pendragon el Miér Mar 21, 2012 8:10 am

Arturo asintió, comprendiendo. No se esperaba otra cosa, y le hecho de que a él aquellos planes pudieran conllevarle algunas complicaciones no era razón para no saber que Lancelot se merecía convertirse en caballero. El que los plebeyos lucharan para él era algo que nunca se había planteado; no era la costumbre de Camelot y a él con eso le bastaba. Pero cuando conoció a Lancelot se dio cuenta de lo injusta que era esa regla. ¿Qué importaba de dónde viniera si su espada era rápida y su espíritu valiente? No obstante, entendía la necesidad de respetar el código: los nobles habían jurado su lealtad al rey y por eso éste podía estar seguro de su fidelidad. Pero Arturo no necesitaba ningún juramento para confiarle su vida a Lancelot.

Antes de comunicarle lo que pensaba al respecto, Lancelot continuó con la enumeración de sus propósitos. ¿El torneo? Frunció el ceño. Eso era un poco más complicado. La exhibición, en contra de lo que algunos pudieran pensar, no consistía sólo en el acto en sí de luchar, para conseguir la gloria, si no que era un medio de demostrar a la población que sus caballeros estaban preparados para defenderles. Aunque Arturo no tenía ninguna duda de que Lancelot daría la talla, dudaba que su padre fuera tan optimista. Y si se iba a erigir como defensor de causas perdidas, tenía que elegir bien sus cartas; no podía enfrentarse constantemente al rey, y menos en público: la prudencia le llamaba a escoger con cuidado sus batallas. De lo contrario sería tomado por un príncipe caprichoso y su opinión perdería importancia, y eso es algo que ni a él ni al propio Lancelot les convenía.

Nuevamente sus pensamientos fueron interrumpidos y Arturo observó con algo de desconcierto los intentos de Lancelot por pedirle algo importante. Entonces entendió, y levantó una mano como pidiendo silencio.

- No te preocupes por mi herida, empiezas a parecerte a Merlín – comentó, ignorando el dolor sordo con el que el corte expresaba su conformidad con la sugerencia de su interlocutor– Escucha Lancelot: no tienes que pedirme nada porque lo menos que puedo hacer como pago por mi vida es concederte una oportunidad. Tú…- dudó antes de seguir – Sabes que te considero digno de luchar junto a mí, y si por mi fuera… Hablaré con mi padre, pero la decisión es suya.

“Siempre es suya” pensó Arturo con algo de pesimismo. No es que aspirara a tener el poder o el trono; no era ambicioso. Pero tampoco le gustaba que le obligaran a hacer algo con lo que no estaba de acuerdo; en cierta manera era lógico: le habían educado para dar órdenes, no para recibirlas. Confiaba en su padre más de lo que éste confiaba en él, pero conforme crecía se iba dando cuenta de que era un hombre autoritario al que nadie contradecía cuando se equivocaba. Bien pues Arturo pensaba que con Lancelot estaba equivocado, e iba a emprender la difícil tarea de hacerle cambiar de opinión. Por desgracia, y aunque parezca imposible, el padre siempre ha sido más cabezota que el hijo.

La luna alumbró con más claridad en ese momento, tras salir de una nube, y Arturo pudo ver que la armadura de Lancelot estaba manchada de sangre. Quiso descubrir la fuente, y se dio cuenta de que tenía una herida de flecha en la espalda; debió de ocurrir cuando él estaba inconsciente. La flecha ya no estaba, Lancelot debía de habérsela sacado pero la herida era inconfundible. Se reprochó el no haberse dado cuenta. Por suerte, la armadura había evitado un daño mucho mayor del que podía haberse producido.

- Tal vez debamos regresar ya, después de todo. Esa herida no será nada si se cura como es debido.

Off.: Creo haber leído por ahí que te había dado una flecha, si entendí mal, dímelo y edito
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Re: 002 The grimm (Prince Arthur)

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