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002. Renacer [Merlín]

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002. Renacer [Merlín]

Mensaje  Eloisse Nederlan el Mar Mar 13, 2012 9:13 pm

El terreno que el rey le había concedido a su padre cuando éste le juro lealtad, tal y como correspondía a la nobleza, era de gran extensión y considerable fertilidad. La vivienda que sobre esa tierra se alzaba también era objeto de la envidia de cualquier persona, y estaba decorada con las más superfluas y exquisitas joyas, tapices y mosaicos. Pero sin duda, lo que destacaba entre las posesiones de su familia, era la inmensa biblioteca que, con los años, se había convertido en fuente de consulta para muchos estudiosos. Ese era el lugar donde Eloisse se había pasado los dos últimos días. Sin salir, sin apenas dormir. Tampoco leía; simplemente estaba allí, en su refugio. En el único lugar que sentía como realmente suyo, puesto que para entonces la enorme casa estaba vacía de seres queridos. Su madre murió siendo ella niña y su padre acababa de dejarla también, apenas dos meses atrás.

Se encontraba allí porque no soportaba más falsas amistades, que trataban de acercarse a ella pensando que, joven, sola y rica, era fácilmente manipulable. De un tiempo a esa parte la costaba diferenciar verdaderos amigos de parásitos ansiosos por ascender en economía, poder o nivel social. Y como conocía cuáles eran sus flaquezas, tenía miedo de dejarse engañar. Le costaba mucho pensar mal de las personas, y además la atmósfera de hipocresía no le agradaba en absoluto. Lo mejor había sido alejarse un poco de los círculos sociales, para poder refugiarse en su dolor, en sus pensamientos, y en sus anhelos.

La pasada noche su alter ego masculino (a ella le gustaba llamarlo Lois, haciendo un juego de palabras con su nombre) había hecho, quién sabe por qué razón, grandes destrozos entre algunos de los libros. Eloisse recordaba vagamente cómo ella misma, con otras manos, otro cuerpo y desde luego otra personalidad, rompía las páginas de sus libros preferidos. Esa era la forma en la que su otro yo le comunicaba que no estaba de acuerdo con sus decisiones. Desde hacía un tiempo, cuando Eloisse hacía algo por la mañana, Lois lo deshacía por la noche, o le indicaba de algún modo drástico e innecesariamente destructivo que no contaba con su aprobación. Por lo visto, Lois quería que salieran de aquella biblioteca, en la que por prudencia ella se había encerrado. Siempre cerraba la puerta por las noches, y le entregaba bajo tontos pretextos la llave a algún sirviente de confianza que le abría por la mañana, para que Lois no pudiera hacer nada de lo que ella tuviera que arrepentirse.

Generalmente, no hubiera accedido a los deseos de su yo nocturno, pues seguro que no tramaba nada bueno, pero aquél día tenía visita; una que no quería eludir pues se trataba de viejos amigos.

Viejos tal vez, pero no debían ser buenos amigos pues, mientras ella bajaba las escaleras que conducían a la sala donde ellos la esperaban, llegaron a sus oídos trozos de su conversación:

-… si yo fuera ella, tampoco querría salir, ni recibir a nadie.

- ¿Por la muerte de un ser querido?

- No, por miedo de romper las escaleras. Me asombra que la casa halla aguantado en pie, con ella y sus “enormes” cualidades paseando por…

Aquella era una alusión muy cruel y gratuita hacia su peso, y Eloisse apenas pudo creer el haberla escuchado, en especial de aquellos labios que consideraba amigos. Humillada y dolida, salió por la puerta de atrás, para no ser vista y mandó preparar su carro – no podía montar a caballo – deseando alejarse de allí.

Pidió a quien conducía su carro que la llevara a la ciudadela, con la escusa de que quería visitar el mercado. Era una mala justificación, puesto que ni necesitaba nada, ni la gustaba especialmente comprar, ni podía conseguir nada útil en un mercado destinado al pueblo más que a los nobles. Pero el hombre tuvo la gentileza de no hacérselo notar, y ella lo agradeció. Durante el viaje tuvo tiempo para serenarse, pero era bastante sensible y aquella “traición” la había afectado bastante. No derramó ni una lágrima, no obstante, pues era fuerte y rara vez lloraba.

Casi llegando a las murallas, en el camino que iba por el bosque, una de las ruedas del carro pasó sobre una piedra, provocando un golpe que por poco hace volcar el transporte, y a su pasajera. El conductor se bajó, para comprobar si había habido daños, y ella le siguió, para tomar el aire. Escuchó entonces el sonido de unos gritos de mujer, que venían de no muy lejos. Con cautela, se aproximó para averiguar de qué se trataba.

Bandidos. Llegó a tiempo para ver cómo se iban, dejando a una pobre chica llorosa y desposeída de cualquier objeto de valor que pudiera tener. Conmovida, se acercó a ofrecer su ayuda, y entonces la mujer, de un rápido movimiento, se hizo con los pendientes que llevaba Eloisse. Ella era parte de los atracadores, por supuesto. Por suerte para ella, debido a la apresurada salida no llevaba mucho más que la pudieran quitar. Salvo su dignidad, claro está, pero ella sostenía que eso ya lo había perdido hace tiempo.

Se quedó poco más que con lo puesto, y aquellos bandidos se llevaron también el carro con el caballo. El sirviente que la acompañaba, el conductor, se ofreció con espíritu servicial a aproximarse a la ciudadela para tratar de conseguir otro carro. Ella se mostró conforme y agradecida, y así se quedó sola.

Estaba sentada en un tronco, en medio de ensoñaciones, cuando escuchó un sonido de hojas y pisadas. Asustada, se puso en pie y buscó al causante de aquél sonido.

- ¿Quién vive? – preguntó, temiendo encontrarse con otro ladrón.
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Re: 002. Renacer [Merlín]

Mensaje  Merlin el Miér Mar 14, 2012 7:05 pm

Estaba arrancando un buen pedazo de pan, tenía hambre y Arthur al parecer no necesitaba de mí, así que me encontraba en la casa que Gaius me había provisto cuando llegué a Camelot. Agradecía su bondad al abrirme sus puertas y quedarme allí con él, no sólo tenía un techo, si no que además encontraba en él un buen amigo. Suponía que Durc dormía y no me parecía prudente despertarle porque no había nada para hacer más que alguna que otra cosa que la puedo hacer yo. El desayuno ya se había disuelto en mi estómago y ahora tenía mucha hambre, era por ello mismo que engullía como un muerto de hambre un buen pedazo de pan. Además de estar con Durc que dormía en mí habitación y sobre mi cama, yo simplemente me quedaba con un colchón que tenía Gaius para las visitas, al menos hasta que encontráramos otra cama para sumarle a mi habitación. No sólo tenía que tener cuidado con pasarle algunos fragmentos de mi secreto, si no que además tenía que ser demasiado cauteloso con usar magia en aquel sitio. Por el momento no me era conveniente que el pequeño no supiera que ambos teníamos demasiado en común. Durc no sabía usar sus poderes mágicos y quizá si él me veía realizando algún truquillo se lo pudiera pasar, sin proponérselo, a Arthur y en ese caso estaría en serios problemas. Suspiré y noté que la puerta se abría de par en par.

-Gaius ¿Has llevado los medicamentos?- Le pregunte mientras volvía a ponerme otro pedazo de pan a la boca. El médico dejo sus pertenecías sobre la mesa y me dirigió una mirada, con una ceja arriba, dispuesto a que le dijera de algunas de mis travesuras, pero lamentablemente no había hecho nada malo -¿Sucede algo?- Le pregunte sonriéndole de oreja a oreja. Sonrisa que ponía cuando realmente me mandaba de alguna de mis travesuras, pero podría inventarle algo en un segundo –Te veo aquí, comiéndote un pedazo de pan, holgazaneando- Me dijo dándome la espalda por unos segundos y se volvió a dirigir a mí. Vamos al caso que siempre estaba haciendo algo, una vez que decidía quedarme comiendo algo ya me veían con cara de pocos amigos –Tengo un trabajito para que te diviertas- Gaius me sonrió y me entregó un pergamino, quizá pensé, ingenuamente, que iba a ser pequeño, pero cuando en realidad era un pergamino bastante enorme y ya adivinaba lo que vendría. No leía los pensamientos pero a Gaius lo conocía muy bien, como este me conocía a mí mejor que nadie –Quiero que busques esas hierbas que ya no tengo nada de ello. Qué te diviertas- Y estas fueran las últimas palabras antes de que desapareciera entre un par de libros –Ni un día en paz- Dije levantándome de muy mal humor de la silla, guardándome el pergamino y murmurando mi mal humor mientras recogía el morral.

Cuando me aleje del castillo, me dirigí directamente al bosque, ahí se podían encontrar todas las hierbas y esperaba hacerlo lo más rápido posible y volver a hacer un hermoso vegetal en los aposentos de Gaius. Me adentré a la espesura del bosque, ahí siempre nos encontrábamos cualquier cosa, la otra vez nos hemos encontrado, con el príncipe, con un nuevo dragón, yo sólo conocía a Kilgharrah (El gran dragón) y luego a este nuevo dragón que había estado al borde de la muerte, por otro lado el príncipe me comentó que conocía a otro que estaba evaluándolo en atraparlo para que el rey se diera cuenta de que su hijo era capaz de erradicar a todo ser mágico que se atreviera a poner un pie en Camelot. Padre e hijo estaban enceguecidos con la magia y no veían que había, y todavía existía gente buena que usaba sus poderes para realizar el bien. Me agaché para recoger una de las hierbas que conocía a la perfección y que aparentemente siempre le faltaba al médico. La arranqué y la metí en mi morral de cuero.

Algo me llamo poderosamente la atención unos ruidos. Fruncí el ceño y con paso lento me escondí detrás de un par de arbustos enormes, espiando a unos bandidos que lograron hacerle caer en su trampa a una noble. Eran dos personas, los que habían caído como ingenuos y cuando me desconcentré porque un conejo se paso por mi bota, noté que, al alzar la vista, ahora había una sola persona que estaba sentada en una piedra o en algo, no veía muy bien desde allí. Decidí que quizá era mejor no dejarla sola y quedarme un poco con ella, al menos para darle seguridad, no era bueno con la espada, pero si con la magia. Me erguí y camine hacía ella, quién me pregunto –No, no vivo aquí. My lady- Noté que esas vestimentas y por sobre todas las cosas el carruaje no era de un sirviente como yo –Sería algo incómodo vivir entre los árboles, además no me llevo muy bien con los insectos- Le sonreí abiertamente y me acerqué a ella. Quizá no era tan hermosa como las otras chicas del reino, pero noté que parecía demasiado asustada y que parecía muy agradable, realmente esperaba no equivocarme y que no se tratara de una bruja malvada que quería asesinarme -Mi nombre es Merlín y no te haré nada ¿Cuál es su nombre, my lady?- Le pregunte haciéndole una leve reverencia.

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Re: 002. Renacer [Merlín]

Mensaje  Eloisse Nederlan el Miér Mar 14, 2012 9:02 pm

En lugar de un bandido apareció un muchacho, quizá algo menor quizá algo mayor que ella, que no parecía tener intención alguna de hacerle daño. Aun así, y tras la reciente experiencia, no se confió demasiado, aunque consolaba saber que ya no podían robarle nada más. El chico en cuestión tenía algo que le gustó en el acto; como un aura y un carisma que no podían explicarse con palabras. Por sus ropas se deducía que no era noble y si quedaba alguna duda se confirmó en cuanto se dirigió a ella. No parecía sorprendido de encontrarla, así que tal vez había estado observando. En cualquier caso, empezó él la conversación y acabó por presentarse.

Tras la confusión inicial, Eloisse se echó a reír con muchas ganas. Como suele suceder cuando algo absurdo resulta muy gracioso después de un momento de tensión, la costó mucho detener el ataque, y cuando lo logró casi la lloraban los ojos. Respiró hondo, y se vio en la necesidad de escursarse:

- Eres muy gracioso, Merlín - dijo, sin estar segura de si él lo había hecho aposta o no. Al decir “¿Quién vive?” estaba utilizando una forma culta, y quizás algo manida de decir “¿quién va?”, pero la explicación del chico le resultó muy cómica. La mayoría de los nobles de los que se había rodeado tenían un sentido del humor muy especial, y ella no siempre entendía bien la sutileza de las bromas ajenas. – Yo soy Eloisse – “Eloisse a secas” pensó para sí, “nada de mylady”.

Merlín tenía el pelo negro y los ojos claros, con toda probabilidad azules, aunque desde esa distancia no podía asegurarlo. Era delgado, de estatura normal tirando a alta y, según el gusto de la mujer, era muy atractivo. Llevaba una bolsa encima, pero nada más. Ni espadas, ni armas, ni sitio donde guardarlas. En suma, Eloisse confirmó que no tenía nada que temer de él.

Le cayó bien al instante. Si bien es cierto que poca gente llegaba a caerle mal en su vida, y nadie se ganaba su desprecio a primera vista, tampoco era habitual que alguien le agradara por su mera presencia. Tal vez fue el hecho de que vino a interrumpir su soledad en el bosque, o que le había hecho reír haciendo que se olvidara de todos los miedos, o simplemente que tenía una de esas “caras” que te hacen pensar que alguien es amable. Fuera por el motivo que fuere, se sintió cómoda en la presencia de aquél chico y eso es algo que no podía decir con todo el mundo.

- Si no vives en el bosque – comenzó, con un ligero destello de diversión en la voz y en la mirada, al tener aun presente las palabras de Merlín – ¿eres de Camelot? De la ciudadela, me refiero. ¿Queda muy lejos de aquí?

No sabía por cuánto tiempo tendría que esperar a su sirviente, o si le merecía la pena tratar de acercarse por su propio pie. No le agradaba la idea de permanecer sola en aquél lugar, porque era como tener un cartel que invitaba a cualquiera a que la atacara.

Además estaba el hecho de que no podía permitir que se le hiciera de noche en aquél lugar, donde Lois estaría libre y fuera de control. Pero eso parecía poco probable, pues aun era por la mañana y no era razonable pensar que su sirviente pudiera tardar tanto. Entonces, y sólo entonces, se le ocurrió una cosa:

- ¿No se supone que la ciudadela queda para ese lado? – preguntó, más para sí misma que para Merlín. Tuvo un mal presentimiento. Trató de recordar su historia reciente con Glaer, (que así se llamaba el conductor del carro), pero no encontró nada en especial, nada que pudiera implicar que él la guardase rencor. No hablaba mucho, y llevaba tan sólo un mes a su servicio, pero ella pensaba que se llevaban bien. En ese caso, ¿por qué alguien como Glaer, nacido en la misma ciudadela, es decir, conocedor de aquellos caminos, se había ido justo en la dirección contraria? La invadió una sensación de abandono, y esperó a que el hombre al que acaba de conocer le diese una respuesta que disipara sus temores. Que le hablara de un camino alternativo, o le dijera que ella estaba confundida. Porque si no tendría que creer que la habían dejado tirada en aquél bosque, y que tardaría días en volver caminando hacia su hogar.

En realidad, no tenía motivos para extrañarse. Era una mujer soltera, joven, sin padres. En aquél mundo era como no ser nada, y le salvaba su condición de noble. El caso es que al ser hija única había heredado la fortuna de su padre, pero se estaba deshaciendo de ella, donándola a quienes la necesitaban. A razón de eso, mucha gente se había acercado a ella, esperando recibir su parte. Quizá el cochero fuera uno de esos, y al ver que no le daba dinero alguno, que su fortuna disminuía sin remedio pues al no haber unido su casa nobiliaria con otra no tenía ingresos (aunque en realidad seguía siendo bastante rica, pero eso los demás no tenían por qué saberlo) y que encima la atracaban perdiendo así el medio de vida del conductor del carro, debió de decidir abandonarla. Eloisse se culpó por no haber pensado que la pérdida del carro no se reparaba consiguiendo uno prestado; aquél sirviente debía haber temido por su futuro y ella no había sabido verlo, no le había tranquilizado, y por eso, seguro que por eso, le había dejado sola.

Miró, con los ojos muy abiertos, preocupados, a Merlín, como si el pobre pudiera saber el motivo de su turbación.


Última edición por Eloisse Nederlan el Jue Mar 15, 2012 4:53 am, editado 1 vez
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Re: 002. Renacer [Merlín]

Mensaje  Merlin el Miér Mar 14, 2012 11:23 pm

Sonreí cuando ella se echo a reír a carcajadas, muy pocas personas se reían de mis estupideces y que ella lo entendiera me hacía sentir bastante bien. Recordé a Deirdre que también se había echado a reír de alguna estupidez que invente en el momento. Busque entre mis ropas bastante pobres algún pañuelo para ofrecerle y de esa forma secar las lágrimas que estaban cayendo por sus mejillas, agradecía que se trataran de felicidad y no de sufrimiento porque no era bueno dando consejos, aunque por el momento no conocía a nadie que se suicidará por mis malos consejos. Lamentablemente no tenía ninguno para ofrecerle –Me gustaría ofrecerte un pañuelo, pero no encuentro ninguno. Lo siento- Le comenté mientras me encogía de hombros. Era indispensable tener pañuelos, no por si alguna vez me agarraba desprevenido un ataque de resfrío, si no que si me volvía a encontrar alguna señorita en apuros podía ofrecerle un pañuelo y dependiendo del apuro alguna otra solución. Sonreí abiertamente –Me idea era que sonriera, my lady- Tampoco era un bufón, aunque Arthur le debía de pensar, pero sabía que había pasado una mala pasada y que mejor que una carcajada para disipar aquel miedo. Me quede en silencio mirándola por un momento, no parecía aterrada, quizá no demostraba mucho sus sentimientos, aunque me parecía algo improbable –Hola Eloisse, bonito nombre- Le dije, era la primera persona que escuchaba con aquel nombre que me parecía muy hermoso –No creo que tu si vivas en el bosque, tienes aspecto de ser…- Fruncí un poco el ceño, no quería que pensará que le iba a decir que era una noble porque quizá la asustaría, podría pensar que yo también era uno de los bandidos y que mi único fin era traicionarla y quitarle algo, aunque ya no poseía nada –Una hada madrina- Le dije sonriéndole, por lo general las hadas madrinas eran esos personajes infaltables en innumerables historias para niñas, que igual mi madre me las contaba, agregándole dragones y algún caballero pomposo. Eran seres mágicos con el corazón noble y lleno de bondad, tal como lo era ella, por más que no podía asegurarlo a con certeza, algo en mi interior me decía que así lo era -¿Me quiere conceder un deseo? Bueno, quiero ser…- Hablaba solo, como solía hacerlo siempre. Fijé mis ojos en un pájaro oscuro que estaba sobre una rama –Quiero ser un ave fénix- Comente finalmente.

Me fije donde ella señalaba, en realidad yo había venido desde allí y no sé que camino podría tomar el sirviente de ella, pero algo me dijo que suponía que él se acababa de marchar para no regresar jamás y aquello no me gusto en lo absoluto –Ehm..en realidad yo vine de allí caminando. No sé que camino tendrá él, aunque creo que ese lado es más bien de Cendred- Dije poniendo mi cara de mal humor, no comprendía como alguien que se hacía llamar hombre se marchaba dejando a una señorita en aquel estado. Meneé la cabeza, si por esas casualidades de la vida me lo topaba por la ciudadela o donde fuera, yo le haría algún conjuro, aunque a Gaius no le gustará en lo absoluto mi idea –Si quieres puedo acompañarte, caminando, hasta donde vives. Así no te pasará nada- No quería tampoco presionarla, porque no era seguro que ella confiará en alguien que cobardemente se había ocultado detrás de unas rampas viendo que le estaban robando, pero ¿Qué podía hacer? Bueno algo de magia –Es raro que haya ladrones por aquí. Por lo general pasan siempre las centinelas de Camelot y no permiten que ellos estén por estos lares.- Que raro, se lo tenía que decir a Arthur para que nadie más tuviera que sufrir lo mismo que Eloisse.

-Perdón por no haberte salvado- Deje de lado los modales que eran acordes para alguien que portaba un título, como de seguro ella tenía, quería que se sintiera cómoda porque tal parecía que aquel día era uno de esos en los que uno se pregunta ¿Por qué me levante hoy de la cama? Yo los tenía casi todos los días de mi vida y no me quejaba…bueno si, me quejaba y mucho –Es que no tenía nada con que correrlos, pero espero que alguien les de su merecido, es más cuando llegue a Camelot le diré al príncipe que los encuentre y los encarcele una buena temporada- Le dije sonriendo y fijándome que a unos pocos pasos de donde estaba ella se encontraba una de las hierbas que Gaius me había obligado a recoger –Mira, encontré una ginseng- La recogí rápidamente y lo guardé en mi morral, bien ahora solo me faltaban 12 hierbas. Me di cuenta de que era bueno que le explicara un poco el que hacía yo por aquellos sitios tan alejados de Camelot y que ella también me dijera algo al respecto porque me parecía extraño que estuviera sola, sin su padre o una sirvienta que la acompañara a todos lados –Vivo con un médico, se llama Gaius y me pidió que le recogiera todas estas hierbas- Le mostré la enorme lista, cada vez que la veía quería que alguien se apiadara de mí y desde lo alto de un árbol me lanzará una soga, de esa forma me ahorcaría –Y cuando vi que los ladrones te estaban molestando, justo estaba recogiendo una. Noté que estás sola ¿No tienes una sirvienta que te acompañe?- No me parecía muy lógico que ella se quedará sola, si yo no hubiera aparecido, quizá se tendría que quedar hasta el anochecer y sinceramente no sé que se puede encontrar uno por aquellos alrededores -¿Eres de Camelot?- le pregunte, más bien para conocerla un poco más.

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Re: 002. Renacer [Merlín]

Mensaje  Eloisse Nederlan el Jue Mar 15, 2012 11:53 am

Las ocurrencias de aquél chico la divertían mucho, aunque decía más cosas de las que ella podía llegar a escuchar. No estaba segura, por otro lado, de que en realidad se estuviera dirigiendo a ella, ni de que esperara alguna respuesta. Por regla general no era muy habladora y sus conversaciones solían ser cortas por ese motivo, pero se dio cuenta de que Merlín se contestaba él sólo si hacía falta. Eso volvía fácil el hablar con él y la distraía de cualquier pensamiento negativo que pudiera estar acechándola. Tal vez es lo que él pretendía con aquella cháchara interminable, y de ser así estaba teniendo éxito; además lo remató con la extraña declaración de que ella, en su calidad de hada recién descubierta, debía convertirle en ave fénix. No tenía una respuesta para eso, así que no dijo nada. ¿Cómo se le habría ocurrido algo tan extraño? Quizá el chico tuviera algún problema mental, pero de ser así a Eloisse no le importaba; tan sólo se preguntaba con fascinación qué clase de pensamientos cabrían en ese cerebro suyo.

Tal y como ella se temía, había un camino para llegar a Camelot diferente al que Glaer había seguido. Decidió reconciliarse con su destino, y aceptar que toda su vida había vivido rodeada de tiburones, que respetaban a su padre pero no la respetaban a ella. ¿Qué papel le tocaba ocupar a ella entonces, el de tierno pececito? Bueno, al menos los peces viajaban en grupo. Ella sólo se tenía a sí misma, con lo que ello implicaba, pues en vez de uno era dos.

Merlín la sacó de sus pesimistas reflexiones, con el ofrecimiento de acompañarla. Eso era muy amable de su parte, pero él no lo comprendía. Primero, no vivía muy lejos, pero tampoco cerca. Y no era una persona “atlética” ni mucho menos, así que no era un trayecto que pudiera recorrer fácilmente sin un carro. Podía llevarles horas, y eso en el caso de que no se desviaran de rumbo en ningún momento. Y derivado de eso estaba el segundo problema, mucho más importante: ella debía de estar bajo techo y correspondientemente encerrada en el momento de cambiar de aspecto, que era aproximadamente a la hora del crepúsculo. Teniendo en cuenta que atardecía sobre las seis de la tarde, y los apresurados cálculos que pudo realizar, había muchas probabilidades de que aun estuviera con Merlín, si éste le acompañaba, cuando Eloisse se convirtiera en Lois. Y eso era algo que, sencillamente, no podía ocurrir.

Lo demás eran nimiedades; el hecho de que él fuera un desconocido, o de que pudiera tener algún interés en el ofrecimiento, como la posibilidad de ganarse unas monedas. Carecía de importancia, porque además no parecía de ese tipo de personas. A los ojos de la mujer fue un gesto sincero y lleno de ventajas, pues no la apetecía estar sola en aquél momento, y tampoco quería separarse de aquellos ojos intensos llenos de simpatía y buen humor. No; realmente deseaba que Merlín le acompañara, pero no sabía cómo hacerle partícipe de su debate interior sin desvelarle su secreto.

Estaba tan centrada en estas divagaciones que tardó un poco más de lo normal en responder a Merlín, porque le llevó su tiempo que su cerebro procesara lo que había oído. ¿Se estaba disculpando? ¿Por qué? Unió las piezas de las últimas palabras de Merlín, a las cuales había prestado poca atención y lo entendió. Le observó con cierta ternura, y antes de encontrar las palabras que quería decir, él la distrajo mostrándole un ejemplar de gingernosequé. No estaba muy puesta en botánica. Iba a preguntarle como es que él sabía del tema, cuando llegó la explicación. Negó vehementemente con la cabeza, como para concentrarse; uno de sus mayores defectos era la facilidad con la que se dispersaba. Era muy observadora y el menor detalle provocaba un torrente de ideas. Por ejemplo, se volvió a distraer cuando Merlín le mostró la lista de lo que tenía que buscar. Se esforzó por centrarse, aunque era difícil con alguien tan parlanchín como interlocutor.

- Escucha, no tienes que disculparte. Has hecho bien en no intervenir, o podrían haberte robado a ti también. Pero dime una cosa, ¿de verdad conoces al príncipe o lo has dicho por decir?

El príncipe Arturo; no tenía el placer de conocerle en persona, aunque su padre le hablaba a menudo de él y del propio rey. A éste último si le conocía, en teoría, pero no en la práctica. Era un bebé cuando su padre fue con ella para presentar sus respetos al rey, en el aniversario de la muerte de su esposa. El príncipe Arturo tenía por entonces un año y Eloisse siempre había sentido lástima por él, que no había podido conocer a su madre. Lo sabía todo de la familia real, como correspondía a alguien de su posición, pero no iba a muchas reuniones sociales en la corte.

Quizá sea éste el momento de explicar qué lugar representaba ella en la nobleza. Su padre no era caballero de Camelot, pues no todos los nobles podían serlo si no tan sólo unos cuantos escogidos. No era pues, hija de un caballero en sentido estrico. Sir Pelinor de la casa de Nederlan había hecho, mucho tiempo atrás, un juramento de vasallaje con el rey, como hacen todos los nobles al heredar el título de sus padres; como también tendría que hacer la persona con quien Eloisse se desposase y tal vez ella misma si el rey lo creía oportuno, aunque las mujeres no solían hacerlo puesto que no “servían” de la misma manera al rey. Ella nunca sería llamada a filas, y su lealtad se presuponía de la de su padre. El rey no necesitaba la atadura de un juramento inquebrantable, pues no tendría que poner su vida en sus manos como debía hacer con quienes luchaban o podrían llegar a luchar por él.

A cambio del juramento el rey permitió a su familia conservar sus tierras, que poseían desde muchos años atrás, antes de que Uther tomara el trono de un reino sumido en la barbarie. Por eso en cierta manera le estaban agradecidos a la casa Pendragon, pero a su vez la relación no era muy estrecha. Su padre no era nadie importante, sólo alguien muy rico a causa de unas tierras fértiles y un patrimonio antiquísimo. En varias ocasiones su padre había acudido al castillo, pero en general, si el rey necesitaba algo de su vasallo mandaba un emisario con las noticias o las órdenes. Su padre, un hombre orgulloso, hubiera deseado merecer más atención por parte del monarca, pero eso es un entramado de complejas relaciones sociales que no vienen a cuento. El caso es que, estrictamente hablando, Eloisse nunca había tenido una entrevista en privado con el rey o el príncipe, aunque sí les había visto de lejos en actos oficiales.

Así pues, para ella el príncipe Arturo era para lo que cualquier mujer del reino: alguien de un conocido atractivo y prometedor futuro. Pero para Eloisse era una persona excesivamente violenta, y ese era uno de los motivos de que no se conocieran: desde niña se había negado a acudir a las justas donde dos caballeros con dos palitos se matan a golpes por propia voluntad, y tampoco le gustaban los torneos con espadas, donde muchas veces alguien terminaba muerto.

Le extrañó entonces que aquél muchacho le conociera, y más aun que estuviera en posición de pedirle al príncipe que hiciera nada. No es que no le creyera, si no que le daba mucha curiosidad y por eso había preguntado. Resulta que de pronto estaba en compañía de un aprendiz de médico con influencias sobre el príncipe. Ese Merlín era una caja de sorpresas. Pero no tuvo mucho más tiempo para asombrarse, porque el chico había seguido hablando (¿podía estarse en silencio alguna vez?) y de nuevo ella era el centro de atención.

- Bueno, tenía a Glaer, hasta que se ha ido – repuso, tratando de restarle importancia – Si te refieres a un sirviente personal, tengo una doncella, pero está en casa. Éste no ha sido un viaje planeado y no ha habido oportunidad de que me acompañe. - explicó, y asintió ante su última pregunta – Vivo al otro lado del bosque, en un terreno próximo a la parte alta del río. En realidad, mi casa está cerca de la frontera.

No le pasó desapercibido, y pensó que a Merlín tampoco, el hecho de que había esquivado totalmente el ofrecimiento de ser acompañada. Tal vez ahora que sabía la distancia que tenían que recorrer, el chico se lo pensara mejor.

Spoiler:
OFF: Perdón por el tostón de rol que te acabo de poner xD
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Re: 002. Renacer [Merlín]

Mensaje  Merlin el Lun Mar 26, 2012 7:16 pm

Fruncí el ceño, admitía que yo era demasiado parlanchín y que hablaba hasta dormido, según lo que Gaius murmuraba en algunas ocasiones, pero ella era demasiado silenciosa, no hablaba mucho y realmente me hacía sentir incómodo. Carraspeé y mientras ella se encontraba, quizá, sumida en sus pensamientos, yo me dispuse a fijarme por ahí si encontraba alguna de las hierbas que Gaius me había pedido que encontrara. Estaba pensando seriamente en no hablar mucho, Arthur solía decírmelo con frecuencia, pero más bien a él se lo hacía para molestarlo porque me divertía verlo a veces exhausto de mis palabras, y en algunas oportunidades cuando estaba cansado de que hablará demasiado me dejaba irme antes. En sí, con el príncipe sacaba buen provecho. No sucedía lo mismo con Gaius, él sabía mis métodos y lo descubrí un día colocándose unos tapones que había creado con la corteza de no sé que cosa, mientras yo gastaba saliva, él solo decía palabras como “Si”, “¡Qué bien Merlín!” y no sé que otras palabras más, así que no funcionó que me pusiera hablar como un loro porque el médico no me prestaba atención y me hacía trabajar igual. Quité mis pensamientos de mi cabeza cuando descubrí que ella me hablaba, me pareció que se refería a algo que le había dicho en un principio y sonreí -¿Qué me pueden robar a mí? No tengo nada de dinero, mi ropa es la que usa cualquier plebeyo y creo que ellos se visten mejor que yo- Me encogí de hombros, no tenía nada que a un par de ladrones pudiera interesarle. No recordaba haberlo nombrado a Arthur, pero de seguro que lo había hecho –Soy su sirviente, aunque no lo parezca- Le dije mientras me encogía de un solo hombro, por lo general no solía decirle a los desconocidos que yo tenía tratos con el príncipe y que me podía mover con total libertad por los pasillos del castillo, pero suponía que ella no presentaba ninguna amenaza, a menos que las apariencias engañaran, que podía ser -¿Por qué? ¿Necesitas hablar con él? Puedo hacer que te de una pequeña cita- No iba a dejarlo mal, porque ella era de una familia noble y no quedaría muy bien que el sirviente de Arthur empezará a hablar mal de su amo, así que me guardaría un par de comentarios.

Después de un largo silencio, ella volvió a hablar, haciendo referencia de donde vivía. Era un poco lejos, pero no me costaba nada acompañarla hasta, al menos, la puerta de su vivienda, que ya me imaginaba yo al estilo del castillo de Camelot un poco más pequeño. Noté que ella no había dicho ni si, ni no y no comprendí si realmente deseaba que la acompañase o no. Eloisse estaba en todo su derecho de no aceptar mi compañía, yo era un completo desconocido y nadie hablaba con alguien que estaba recogiendo hierbas –No tendrías que salir sola, o al menos sin tu doncella. Por lo general en el castillo salen acompañados por más que no sea planeado. El príncipe me despierta en el medio de la noche cuando quiere ir a cazar monstruos- Meneé la cabeza, sorprendido porque quizá ella no me creería una sola palabra de lo que le estaba diciendo, pero era la pura verdad, Arthur me llamaba en el medio de la noche cuando necesitaba cazar monstruos, o como la última vez que me sacó de la cama para ir de caza ¿Dónde se ha visto que un ciervo no durmiera a esa hora? –No te insistiré, porque es evidente que no me conoces y que no irás con un completo desconocido- Dije en un principio, haciendo un preámbulo –A mi no me molestaría en lo absoluto acompañarla hasta su hogar, es más me ofrezco a llevarla lo más cerca posible y luego me iré ¿Qué me dice?- Le pregunte esperando a que me contestará. Gaius no se iba a preocupar por mí, a menos que tardara años en regresar.

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Re: 002. Renacer [Merlín]

Mensaje  Eloisse Nederlan el Mar Mar 27, 2012 5:17 pm

Se alejaban del claro, rumbo a ningún lugar en realidad, mientras el chico buscaba sus plantas. Merlín tenía razón, claro: ¿por qué iban los ladrones a robar a alguien que aparentaba tener menos que ellos? Aun así, Eloisse se alegraba de que no se hubiera enfrentado a los delincuentes; parecía un tipo simpático y no hubiera deseado que le pasara nada.

Con que era el sirviente del príncipe. Por alguna razón esto le sorprendió; quizá por que era evidente que allí no había ni rastro del príncipe, o porque había esperado que el sirviente de un “hombre de armas” fuera alguien de apariencia más bruta. Aunque claro, en realidad no tenía por qué haber semejanzas entre servido y servidor. Negó con la cabeza al escuchar su pregunta.

- No, era simple curiosidad. En realidad dudo que él supiera si quiera quién soy yo, aunque seguro que fingiría saberlo perfectamente ¿verdad? – le guiñó un ojo - Así de hipócritas son las relaciones diplomáticas.

Pese a todo estuvo tentada, ya que estaba en Camelot, de encontrarse con “la futura realeza”. Un vistazo casual no bastaba para conocer a una persona y en realidad, como único integrante de la casa de Nederlan, tal vez era su deber procurar un encuentro. Algún día. Pero no aquél.

Escuchó las recomendaciones de Merlín; era valiente o muy insensato, pues muchos nobles no habían permitido que un sirviente les diera consejos. Pero Eloisse sabía ver las buenas intenciones, y la sabiduría tras las palabras de aquél chico.

- No soy quien para juzgar al príncipe, pero no creo que eso sea justo. – En realidad, de lo que Eloisse no estaba segura que fuera justo era del sistema de “yo soy rico tú eres pobre; tú me sirves, yo doy órdenes” Sin embargo no veía cómo podía cambiarlo, y de todas formas así la habían criado y probablemente sería una inútil si otros no hicieran ciertas tareas por ella. – Yo no despierto a mi doncella – no obstante su caso era algo peculiar porque por las noches no estaba en condiciones de despertar a nadie, pero bueno – Aunque quizá si debería haberla traído conmigo. No lo pensé. Simplemente me fui… Y si vuelvo es sólo porque confío en que mi casa esté legítimamente vacía cuando regrese. – libre de “amigos” indeseables.

El sentimiento de confianza que emanaba de aquél chico quizá la hizo hablar más de la cuenta, pero no se arrepintió. Eloisse solía pensar que si algo se dice es porque en ese momento se siente. Y si Merlín deseaba preguntar, ella respondería con sinceridad.

Por algún motivo, le agradó que él persistiera en su ofrecimiento. En ese momento supo que iba a aceptar, porque realmente quería hacerlo. Pero empezó a rezar para que llegaran antes del anochecer para que su secreto siguiera a salvo.

- Me complacería mucho que me acompañaras. Así puedo ayudarte con eso, si me describes lo que tengo que buscar. – señaló la lista de plantas que Merlín debía recoger. Ella no sabía mucho de botánica, pero confiaba en que él sí. No era habitual para alguien de su posición eso de ponerse a arrancar la vegetación de la sucia tierra, pero Eloisse pensó que podía ser divertido.
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Re: 002. Renacer [Merlín]

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