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002 Nuevo hogar -Durc-

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002 Nuevo hogar -Durc-

Mensaje  Merlin el Lun Mar 26, 2012 8:30 pm

Había llegado el momento justo de empezar, a Gaius, si bien le sorprendió que alguien viniera a vivir con nosotros, no puso demasiadas objeciones, al menos delante de él, porque cuando el pequeño se fue a dormir me sermoneó diciéndome que no era posible que el niño se quedará en su hogar “¿Qué harás si te ve haciendo magia?” Me dijo, aunque yo ya lo había pensado y le comenté que no se hiciera demasiado problemas, que ya lo tenía calculado, tendría tiempo de hacer magia o ir a los lugares del castillo en donde nadie pasaba o el bosque, siempre y cuando tuviera demasiado cuidado con lo que hacía, no me convenía que nadie me viera haciendo magia porque mi vida corría serios riesgos. También le comente a Gaius que el pequeño Durc podía leer los pensamientos, así como implementar pensamientos de él, que no era experto con su don y que de ahora en más tuviera cuidado con lo que pensaba. El médico asintió con la cabeza, acabando la frase con “Estás loco, Merlín” pero yo tenía mis motivos por el cual no quería que Durc se quede sin un guía. Yo no era un experto en magia, si no fuera por el libro que Gaius me había dado, todavía seguiría moviendo objetos. Tenía que admitir que había progresado bastante y esperaba progresar mucho más, tal parecía que todos los seres mágicos tenían puestas en mí mayores expectativas que me ponían un poco nervioso. Decidí que Durc estuviera conmigo porque conocía los temores de alguien que era diferente al resto y que lamentablemente te lo hacían notar, porque me veía reflejado en él ciertos aspectos de mi infancia y por otro lado no quería, en un futuro, tener que enfrentarme al pequeño, como sucedía con Morgana a quién le tenía mucha estima pero que sabía que en un futuro yo tendría que enfrentarme a ella y alguno de los dos debía morir. No quería el mismo destino para Durc.

-Ya es hora de levantarse- Le dije mientras abría la pequeña ventana que tenía mi habitación, había puesto un colchón en el suelo, al menos hasta que encontráramos otra cama, yo dormía en él y Durc dormía en mi cama porque me parecía lo más lógico. Hoy empezaría a que le enseñará el oficio de los establos, era lo más feo, lo admitía pero no se me ocurría otra tarea, el príncipe ya estaba vestido, peinado y de su humor habitual. La habitación de Arthur estaba a medio ordenar, quizá podría hacerlo empezar por ahí, y vigilarlo, aunque yo le tenía algo de confianza, tenía que vigilar sus paso –Vamos, Durc está el desayuno y hoy te espera un grandioso día, claro porque estás conmigo- Bromeé mientras cerraba la puerta de mi habitación y bajaba las escaleras. Gaius no se encontraba, se había ido a hacer su recorrida habitual a todos sus pacientes.

Preparé el desayuno, algo de avena con azúcar que hacia mi madre cuando estaba en Ealdor, aunque consideraba que jamás me podría salir tan rico como solía hacerlo mi querida madre a quién echaba mucho de menos -¿Cómo has dormido?- Le dije mientras lo veía.

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Re: 002 Nuevo hogar -Durc-

Mensaje  Durc el Mar Mar 27, 2012 11:20 am

La casa de Merlín era en realidad una gran habitación llena de chismes que escaparon a su comprensión, con una habitación adicional tras subir unas escaleras. Esos eran los aposentos de Merlín; abajo dormía Gaius, un hombre viejo y con cara seria que a Durc le daba un poco de miedo. En realidad, lo que le asustaba era saber que era médico, y ver todos aquellos frascos e ingredientes para los que se le ocurrieron toda una serie de macabros usos. De todas formas, tampoco pasó mucho tiempo con él, y la noche se diluyó en las nebulosas de su cansancio: jamás había estado en una cama tan cómoda, aunque después de haber dormido en el suelo cualquier trozo de tela le habría servido.

Le despertó la voz de Merlín, pero Durc no quiso abrir los ojos. Supo desde el primer momento dónde se encontraba, y tenía el miedo irracional de que todo podía desaparecer en cualquier momento; o que tal vez Merlín se lo hubiera pensado mejor y deseara que se marchara. Pero no ocurrió nada de eso y cuando le insistió, el niño abrió los párpados y disfrutó de la luz del sol, que le acariciaba como si quisiera corroborar el vaticinio positivo de Merlín sobre el día que estaba por comenzar.

Llevaba las mismas ropas del día anterior, que eran las mismas desde hacía demasiado tiempo. Se rascó la cabeza con un bostezo y se arrastró escaleras abajo luchando contra la pereza. Pero cuando vio un cuenco con comida en la mesa, sus energías despertaron de pronto. Observó que el galeno no estaba. Durc no quería preguntar, pero sentía una enorme curiosidad por saber cómo él y Merlín se habían conocido: el joven le llamaba “Gaius”, así que era de suponer que no era su hijo, o le habría llamado “padre”.

- No había dormido tan bien en toda mi vida. – se sentó, y empezó a engullir. Aparte del hambre que tenía, no estaba acostumbrado a que la comida le esperase en la mesa, y menos una comida para él tan deliciosa. Comía como si no hubiera mañana. Luego, pensado que tal vez aquello no fuera muy educado, y sin estar seguro de la forma adecuada de actuar, hizo una pausa que aprovechó para respirar, pues casi no lo había hecho mientras tragaba. Entonces se dio cuenta de que allí había algo raro. En todo el tiempo que llevaba con Merlín nadie le habría gritado. Tampoco le habían amenazado, ni arrojado nada, ni dado órdenes… Nadie había venido ebrio y después… Se estremeció ante los recuerdos desagradables. Pero en seguida sonrió, al percatarse de una cosa más. No era necesario que se estuviera en silencio, pues allí, tal vez, no molestaba el sonido de su voz infantil, y no era necesario tener miedo. ¿Quién le iba a decir que su vida iba a dar un giro tan drástico y favorable? Sin embargo, no debía confiarse.– Padre decía que las personas como nosotros sólo duermen en el suelo, y que sólo podíamos comer lo que los haraganes del pueblo nos daban en limosna, porque yo era incapaz de conseguir comida por mi cuenta. Sigo siendo incapaz: no puedo pagarte. – Para Durc la palabra “haraganes” era sinónimo de ciudadanos, pues es la que su padre siempre empleaba. Y tampoco entendía las implicaciones de la palabra “generosidad”. No es que la desconociera; es que en su cabeza no cabía que Merlín pudiera estar haciendo aquello de forma desinteresada. Se apenó al pensar que su pequeño paraíso se acababa.
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Durc
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